Capitales, 21 abr (SANA) Horas antes de que expire el alto el fuego entre Washington y Teherán, todas las miradas están puestas en las negociaciones en Islamabad, convertidas en una prueba crucial para determinar si se consolida una tregua frágil o se produce una escalada abierta.
La situación se complica por la incertidumbre en torno a la convocatoria de una segunda ronda de conversaciones, las posiciones divergentes de las partes y la posible participación del presidente estadounidense, Donald Trump, ya sea en persona o por videoconferencia.
En Pakistán, los esfuerzos diplomáticos se intensifican mientras Islamabad acoge las conversaciones, con todos los escenarios aún abiertos, desde un acuerdo rápido hasta el colapso total del proceso de desescalada.
Este contexto se desarrolla en medio de una superposición de mensajes políticos, militares y económicos. Washington mantiene una política de presión acompañada de amenazas, mientras Teherán eleva sus exigencias. El estrecho de Ormuz y las sanciones marítimas siguen siendo puntos de presión clave sobre el proceso.
Según Reuters, una fuente pakistaní señaló que Trump podría participar en las conversaciones si se alcanza un acuerdo, e incluso viajar a Islamabad para su firma.
Trump amenaza a Irán
El presidente estadounidense expresó su esperanza de alcanzar un acuerdo “justo” con Irán, aunque subrayó que no se apresurará a firmar uno que no cumpla con las expectativas de Washington. Advirtió que la negativa de Teherán a negociar podría acarrear “problemas sin precedentes”.
Trump descartó extender la tregua actual si no se logra un acuerdo, e insinuó posibles medidas militares, incluidos ataques contra infraestructura energética. También reiteró que no permitirá que Irán desarrolle armas nucleares, al considerar que ello pondría en riesgo la estabilidad regional e internacional.
La Casa Blanca se muestra optimista
En este contexto, la portavoz de la Casa Blanca, Carolyn Leavitt, afirmó que Estados Unidos está más cerca que nunca de alcanzar un acuerdo con Irán, y señaló que el presidente dispone de múltiples opciones si fracasan las negociaciones.
Bloomberg citó a un funcionario estadounidense que describió la postura de Trump como una política de “ambigüedad estratégica”, destinada a mantener la presión sobre ambas partes y forzar avances en el diálogo.
Incertidumbre en torno a la segunda ronda
Medios estadounidenses informaron que el vicepresidente J.D. Vance viajará a Islamabad para encabezar la delegación de su país, mientras que la representación iraní estaría liderada por el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf. Fuentes diplomáticas indicaron además que una delegación preliminar estadounidense ya se encuentra en la capital pakistaní.
Teherán eleva la tensión
En respuesta, Irán ha intensificado su retórica política y militar. El Ministerio de Relaciones Exteriores señaló que aún no se ha tomado una decisión definitiva sobre su participación, mientras que Ghalibaf recalcó que Teherán no negociará bajo presión, acusando a Trump de intentar convertir el diálogo en una “mesa de rendición”.
Bloomberg, citando fuentes estadounidenses, apuntó a divisiones dentro de la élite iraní entre sectores favorables a un acuerdo y otros, encabezados por la Guardia Revolucionaria, que mantienen posturas más duras, lo que deja abiertas múltiples posibilidades.
Ormuz: el punto de negociación más sensible
La tensión se mantiene en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de petróleo. Teherán lo considera una herramienta de presión estratégica, mientras Washington lo ve como una prueba clave del comportamiento iraní.
En este escenario, el ministro de Defensa israelí, Yisrael Katz, expresó el respaldo de su país a los esfuerzos de Washington para impedir que Irán reanude su programa nuclear, y aseguró que el ejército israelí está preparado para cualquier eventualidad.
Una tregua frágil y negociaciones paralelas
La situación regional se extiende además a Líbano, donde persisten las violaciones del frágil alto el fuego en el sur, mientras Washington se prepara para acoger una nueva ronda de conversaciones entre Líbano e Israel.
Según fuentes oficiales, Beirut busca consolidar la tregua, mientras Israel mantiene presión sobre el terreno mediante el refuerzo de su presencia militar y condiciona cualquier acuerdo al control del arsenal de Hezbolá.
En medio de estas negociaciones paralelas, desde Islamabad hasta Beirut, y ante el inminente vencimiento del alto el fuego, la región se enfrenta a una encrucijada: avanzar hacia acuerdos frágiles pero sostenibles o deslizarse hacia una escalada abierta en múltiples frentes.
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