Capitales, 6 abr (SANA) China intensifica sus medidas para enfrentar las repercusiones de la actual crisis energética global derivada del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, con el objetivo de reducir al mínimo sus efectos sobre la economía nacional.
La escalada bélica ha provocado interrupciones en el suministro a través del estrecho de Ormuz y una disminución en la producción de petróleo y gas en el Golfo, lo que repercute en múltiples economías dependientes de estas rutas energéticas.
En este escenario, el gigante asiático, mayor importador mundial de crudo, se encuentra especialmente expuesto, al recibir una parte significativa de sus suministros desde países como Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irán, además de gas natural licuado procedente de Qatar.
Preparativos estratégicos durante dos décadas
No obstante, expertos coinciden en que China ha logrado amortiguar el impacto gracias a una planificación energética sostenida durante más de 20 años.
Desde comienzos del siglo XXI, Beijing impulsó la creación de reservas estratégicas de petróleo, ante la vulnerabilidad de rutas clave como el estrecho de Malaca, por donde transita gran parte de su suministro energético.
Estas políticas se reforzaron durante periodos de tensiones comerciales con Estados Unidos, cuando el país asiático apostó por fortalecer su autosuficiencia energética como elemento central de su seguridad nacional.
Cambios y tendencias del mercado
El avance del mercado de vehículos eléctricos también contribuye a reducir la dependencia del petróleo importado, al disminuir el consumo de combustibles fósiles en el transporte.
Se prevé que estos vehículos representen cerca de la mitad de las ventas totales antes de lo esperado, lo que implicaría una caída significativa en la demanda de crudo y un ahorro equivalente a grandes volúmenes de importaciones.
Diversificación de las fuentes de energía
China impulsa además una diversificación de su matriz energética mediante el desarrollo de energías renovables, especialmente solar y eólica, junto con el uso del carbón como recurso interno estratégico.
Paralelamente, Beijing amplía su red de suministro mediante importaciones desde múltiples países, evitando que un solo proveedor supere el 20 por ciento del total, lo que le otorga mayor flexibilidad ante crisis externas.
El país también incrementa su producción interna de petróleo y expande infraestructuras como gasoductos conectados a Rusia, Asia Central y Myanmar, reduciendo la dependencia de rutas marítimas vulnerables.
Gracias a esta estrategia integral, China ha logrado mantener la estabilidad de su sistema energético, garantizar el funcionamiento industrial y contener los precios internos, en medio de un contexto internacional marcado por la incertidumbre.
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