Capitales, 4 feb (SANA) Estados Unidos e Irán retomarán el próximo viernes las negociaciones sobre el programa nuclear iraní en un contexto de fuerte tensión militar y retórica amenazante, sin que se haya confirmado aún de forma definitiva el lugar del encuentro.
Las conversaciones se reanudarán mientras Washington refuerza su presencia militar cerca de las costas iraníes y el presidente estadounidense, Donald Trump, advierte de posibles “consecuencias graves” si no se alcanza un acuerdo.
Aunque inicialmente se había anunciado que Turquía acogería las negociaciones, Teherán solicitó posteriormente que se celebren en Mascate, capital de Omán.
Al ser preguntado sobre las perspectivas de un acuerdo, Trump declaró a la prensa en la Casa Blanca que Estados Unidos mantiene contactos con Irán mientras despliega buques militares en la región. “Tenemos barcos dirigiéndose hacia Irán, grandes barcos, los mejores. Estamos hablando con Irán y veremos qué ocurre. Si logramos un acuerdo, será estupendo; si no, podrían suceder cosas malas”, afirmó.
Condiciones de Washington y rechazo iraní
Según fuentes iraníes, Trump planteó tres condiciones previas para reanudar las conversaciones: el cese del enriquecimiento de uranio, restricciones al programa de misiles balísticos y el fin del apoyo iraní a sus aliados regionales. Teherán rechazó estas exigencias por considerarlas una vulneración de su soberanía.
Funcionarios iraníes señalaron que el programa de misiles balísticos constituye el principal obstáculo para un entendimiento, incluso más que el propio enriquecimiento de uranio.
Tras cinco rondas fallidas de negociaciones desde mayo de 2023, persisten desacuerdos clave, entre ellos la insistencia iraní en mantener el enriquecimiento de uranio en su territorio y su negativa a transferir al exterior la totalidad de sus reservas de uranio altamente enriquecido.
Diplomacia bajo amenaza de escalada militar
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que el enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, se reunirá esta semana con responsables iraníes. Aseguró que Trump “sigue comprometido con la vía diplomática”, aunque subrayó que esta requiere la cooperación de ambas partes, y añadió que el presidente también evalúa otras opciones, incluida la acción militar.
La tensión se intensificó tras el anuncio del Mando Central estadounidense de que fue derribado un dron iraní que se aproximó a un portaaviones estadounidense en el mar Arábigo, en un momento en el que Trump ha vuelto a amenazar con ataques militares y Teherán ha respondido con advertencias similares.
Disputa sobre el formato y la sede del diálogo
El portal Axios informó, citando fuentes conocedoras del proceso, de que Irán solicitó cambios en el lugar y el formato de las negociaciones, proponiendo trasladarlas de Estambul a Omán y celebrarlas de forma estrictamente bilateral entre delegaciones iraníes y estadounidenses, sin la presencia de países árabes o islámicos como observadores.
Según estas fuentes, las delegaciones estarían encabezadas por el ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, y el enviado estadounidense Steve Witkoff. Araqchí mantuvo contactos telefónicos con sus homólogos de Omán, Turquía y Catar, mientras que Witkoff se reunió en Israel con el primer ministro Benjamín Netanyahu y con altos responsables militares.
Protestas internas y presión internacional sobre Irán
En el plano interno, la agencia independiente iraní de derechos humanos Hrana, con sede en Estados Unidos, informó de que el número confirmado de muertos desde el inicio de las protestas asciende a 6.872 personas, mientras que otros 11.280 casos siguen bajo investigación.
Hrana señaló además que más de 50.500 personas han sido detenidas y que se registraron al menos 673 protestas en 210 ciudades de todas las provincias del país, en un contexto marcado por cortes prolongados de internet en amplias zonas.
Las protestas con una huelga de comerciantes del Gran Bazar de Teherán por el colapso de la moneda y el deterioro económico, evolucionaron hacia un movimiento más amplio que reclama libertades y justicia social, incrementando la presión internacional sobre las autoridades iraníes.
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