Raqa, 5 feb (SANA) En medio del vasto desierto sirio, al suroeste de la ciudad de Raqa, se alzan las imponentes ruinas del Castillo de Resafah, también conocido como Sergiópolis, uno de los sitios arqueológicos más emblemáticos del país y testigo de siglos de historia, fe y civilización.
Fundada originalmente por los asirios, Resafah se desarrolló y floreció durante los períodos romano, bizantino y omeya, gracias a su ubicación estratégica en una importante ruta de caravanas cercana al río Éufrates. Construida con piedra caliza blanca que refleja intensamente la luz del sol, fue conocida históricamente como la “Resafah Blanca”.
El emperador Justiniano ordenó su fortificación
Durante el período bizantino, la ciudad alcanzó su máximo esplendor en el siglo VI, cuando el emperador Justiniano ordenó su fortificación con enormes murallas de piedra que rodean el asentamiento a lo largo de unos siete kilómetros. En esa etapa, Resafah se consolidó como un destacado centro religioso y de peregrinación cristiana, dedicado a San Sergio, uno de los mártires más venerados de Oriente.
Entre sus monumentos más sobresalientes figuran tres grandes iglesias, encabezadas por la Iglesia de San Sergio, también conocida como la Iglesia del Martirio, considerada una joya de la arquitectura religiosa bizantina. A ello se suman vastas cisternas subterráneas, diseñadas para almacenar agua de lluvia y garantizar la supervivencia de la ciudad en un entorno desértico.
Resafah de Hisham
Con la llegada del período omeya, Resafah vivió una nueva etapa de prosperidad. El califa Hisham ibn Abd al-Malik la convirtió en residencia de verano, y desde entonces fue conocida como “Resafah de Hisham”. Excavaciones arqueológicas han revelado la existencia de dos palacios omeyas, lo que confirma su relevancia política y administrativa en aquella época.
Además de su función religiosa y residencial, la ciudad desempeñó un papel defensivo clave, al actuar como fortaleza avanzada frente a posibles invasiones, gracias a su sistema de murallas, torres y depósitos de agua.
El esplendor de Resafah llegó a su fin en el siglo XIII, cuando fue devastada durante las invasiones mongolas, lo que provocó su abandono progresivo y la transformación del sitio en un silencioso vestigio del pasado.
Una joya del patrimonio sirio
Resafah permanece hoy como una de las joyas del patrimonio sirio, símbolo de la riqueza cultural del país y de la interacción de civilizaciones que, a lo largo de los siglos, dejaron su huella en el corazón del desierto.
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