Capitales, 23 ago (SANA) La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán entra en una fase marcada por una mayor dependencia de la presión económica, con Washington preparando nuevas medidas para estrechar el cerco sobre Teherán y sus redes comerciales y financieras, mientras mantiene el bloqueo marítimo y endurece las sanciones sobre los sectores del petróleo, el transporte marítimo y las finanzas, en un contexto en el que Irán busca una salida ante el creciente deterioro económico y social.
Sanciones más severas
El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Pissent, se dispone a anunciar mañana lunes, en una conferencia de prensa según Reuters, los detalles de nuevas medidas contra Irán, que describió como “sin precedentes”, en el marco de una campaña destinada a ampliar la presión económica sobre Teherán y sobre los países y empresas que le proporcionan canales comerciales y financieros.
El presidente Donald Trump había prometido imponer consecuencias económicas a cualquier país que proporcione a Irán “cualquier tipo de línea de vida”, mientras el vicepresidente J.D. Vance calificó la presión económica como “la nueva fase” del enfrentamiento.
La campaña estadounidense apunta a los sectores de energía, transporte marítimo y finanzas, además de redes vinculadas al llamado “flota en la sombra” que transporta petróleo iraní.
Washington también estudia ampliar el alcance de las sanciones secundarias para incluir instituciones y empresas extranjeras que comercien con Teherán, con el objetivo de elevar el costo de eludir las sanciones vigentes.
China en el centro
El petróleo iraní constituye uno de los principales puntos de presión, ya que Teherán depende del mercado chino para absorber la mayor parte de sus exportaciones.
Según datos de la empresa Kpler para 2025, China recibe más del 80 % del petróleo iraní transportado por vía marítima, lo que convierte a las refinerías independientes chinas, conocidas como “refinerías de té”, en un posible objetivo de las nuevas medidas estadounidenses.
También se contempla la posibilidad de ampliar las sanciones secundarias a bancos chinos de mayor tamaño, una opción que podría aumentar el costo de comerciar con Irán, pero que también entraña riesgos para Washington, dada la sensibilidad de la relación entre Estados Unidos y China y la posibilidad de que Pekín responda con medidas de represalia.
Presiones y salidas
El presidente iraní Masoud Pezeshkian reconoció el agravamiento de las presiones económicas, con una inflación anual que alcanzó el 66 % en julio y una inflación alimentaria del 128 %, mientras el dólar en el mercado libre se acercaba a los 200.000 tomanes.
En un intento por abrir un camino y buscar una salida, Pezeshkian se aferró al memorando de entendimiento con Washington como la mejor vía para salir del estado de “ni guerra ni paz”, pese a que el plazo de sesenta días fijado por el memorando expiró sin acuerdo, especialmente en lo relativo al estrecho de Ormuz.
Amenazas en Ormuz
Por su parte, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, Mohsen Rezaei, amenazó a los países que se sumen a las presiones estadounidenses calificándolos de “enemigos”, y advirtió con impedir el paso de petróleo por Ormuz hacia esos países.
En Washington, un funcionario de la Casa Blanca afirmó que el estrecho de Ormuz sigue abierto, en paralelo con la continuidad del bloqueo marítimo estadounidense, asegurando que Estados Unidos se encuentra ahora en una posición fuerte en términos de producción y exportación de petróleo y gas, así como de seguridad energética.
Movimiento pakistaní
En paralelo a las vías económicas y militares, Pakistán vuelve a activar su papel de mediación. Según Associated Press, la visita del jefe del ejército paquistaní, Asim Munir, a Teherán mañana lunes forma parte de los esfuerzos de Islamabad para reducir la tensión entre Estados Unidos e Irán y llevar a ambas partes de vuelta a la mesa de negociaciones, tras una serie de iniciativas de mediación impulsadas por Pakistán en los últimos meses.
Al entrar la guerra en su sexto mes, parece que la batalla ya no se limita a los escenarios de la escalada militar, sino que se ha extendido al petróleo, los bancos, el comercio y las rutas marítimas, lo que convierte la capacidad de cada parte para asumir el coste económico en un factor clave para determinar el rumbo de la siguiente fase.
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