Damasco, 11 ene (SANA) Kisan, Sharqi, Touma, al-Saghir, al-Jabiya, al-Faradis y al-Janiq son siete nombres que resuenan como ecos de siglos pasados y que designan las históricas puertas de Damasco, guardianas eternas de una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo. Por ellas entraron ejércitos y caravanas, partieron viajeros y se entrelazaron culturas; y, de manera singular, cada una fue simbólicamente asociada a un cuerpo celeste conocido en la antigüedad.
A lo largo de milenios, Damasco ha sido testigo del ascenso y caída de civilizaciones, absorbiendo influencias helenísticas, romanas, bizantinas, islámicas y otomanas. De ese cruce de mundos surgió un patrimonio arquitectónico y cultural excepcional, en el que las murallas y sus puertas ocupan un lugar central.
Murallas, planetas y memoria histórica
Para proteger la ciudad, se levantaron enormes murallas de piedra durante la época helenística, reforzadas más tarde por los romanos, quienes establecieron siete puertas principales. Cada una fue vinculada a uno de los siete planetas entonces conocidos, reflejo de la cosmovisión antigua que unía arquitectura, astronomía y simbolismo religioso.
El geógrafo Yaqut al-Hamawi escribió en su célebre Diccionario de los Países que “la primera muralla construida en la Tierra después del Diluvio fue la muralla de Damasco”. Con el paso del tiempo, algunas puertas fueron selladas, otras reabiertas y varias desaparecieron, absorbidas por el crecimiento urbano. Sin embargo, su legado permanece vivo en la memoria y el trazado histórico de la ciudad.
Las puertas romanas originales estaban asociadas a los planetas de la siguiente manera: Bab Sharqi (el Sol), Bab Touma (Venus), Bab al-Salam y Bab al-Janiq (la Luna), Bab al-Faradis (Mercurio), Bab al-Jabiya (Júpiter) y Bab al-Saghir (Marte).
Las siete puertas históricas
Bab Kisan
Situada al sureste de Damasco, es considerada una de las puertas más antiguas, de origen romano. Desde su posición estratégica vigilaba los distritos del sur y estaba asociada al planeta Saturno, vinculado por los griegos a Cronos, dios del tiempo y la agricultura.

Bab Touma
Ubicada al noreste de la ciudad, destaca por su arco de piedra y sus balcones defensivos. Asociada al planeta Venus, simbolizaba el amor y la belleza, y sigue siendo hoy uno de los accesos más emblemáticos al casco antiguo.

Bab Sharqi (Puerta Oriental)
En el flanco oriental, fue una de las principales entradas de la ciudad. Su cercanía a los grandes mercados la convirtió en un paso vital. Asociada al Sol, conserva una arquitectura romana única, con arcos de piedra que aún definen su carácter.

Bab al-Saghir (Puerta Pequeña)
Situada al suroeste, debe su nombre a su reducido tamaño. A pesar de ello, tuvo una gran importancia estratégica. Estaba vinculada al planeta Marte, reflejo de su función defensiva.

Bab al-Jabiya
se ubica en el lado occidental y fue la principal vía de las caravanas comerciales procedentes de Alepo, Jordania y Palestina. Asociada al planeta Júpiter, su nombre alude a los mercados y a la recaudación de impuestos que se realizaban en la zona.
Bab al-Faradis (Puerta del Paraíso)
Localizada en el sur de la ciudad vieja, su nombre evoca la fama de Damasco como “el Jardín de la Tierra”. Asociada a Mercurio, se cree que daba acceso a barrios de familias notables y aún marca la entrada al histórico barrio de al-‘Amara.

Bab al-Janiq
Situada entre Bab al-Salam y Bab Touma, estaba vinculada simbólicamente a la Luna. En época bizantina fue conocida como la “Puerta de la Natividad”. Su ubicación en el norte refleja la menor necesidad defensiva de ese flanco, protegido por el río Barada y las laderas del monte Qasioun.
Puertas interiores y expansión urbana
Además de las siete puertas principales, Damasco contaba con puertas interiores más pequeñas, destinadas a proteger barrios específicos del casco antiguo. Entre ellas destacan Bab Srija, Bab Zuqaq al-Burghul y Bab Musalla.
Bab Zuqaq al-Burghul, con su gran portón de madera reforzado con metal y su estrecho pasaje interior (Bab Khokha), ilustra el ingenio defensivo de la ciudad. Otras, como Bab al-Salihiyah o Bab ‘Ayn al-Kursh, reflejan la expansión de Damasco más allá de sus antiguas murallas y conservan nombres ligados a manantiales, aldeas y tradiciones locales.
Donde la piedra dialoga con el cielo
Las puertas de Damasco no son solo estructuras de piedra: son capítulos abiertos de una historia milenaria, puntos de encuentro entre la tierra y el cielo, entre la vida cotidiana y la simbología cósmica. En ellas, la ciudad revela su identidad profunda: un lugar donde el pasado sigue vivo y donde la historia, como las estrellas, continúa guiando el camino.
Por Iman Al-Zouhairi/fm-em