Damasco, 16 sep (SANA) Durante años, Siria fue uno de los principales centros de producción y tráfico de Captagón en Oriente Medio. Esta droga sintética de tipo anfetamínico, comercializada en forma de comprimidos, tenía como principal destino los mercados de la región.
La magnitud de esa industria comenzó a quedar al descubierto tras la caída del régimen de Bashar al-Asad en diciembre de 2024. Desde entonces, las nuevas autoridades sirias aseguran haber incautado 697 millones de pastillas de Captagón, desarticulado 90 redes internacionales de tráfico y cerrado 17 centros de producción.
Las cifras también muestran la dificultad de desmontar una estructura de esta magnitud. El desafío no consiste únicamente en interceptar cargamentos, sino en localizar laboratorios, depósitos y materias primas, además de perseguir a los intermediarios y cortar las rutas que conectan la producción con los mercados extranjeros.
La ONU, sin embargo, advierte de que el mercado no ha desaparecido.

Una industria construida durante años
El Captagón no es una droga nueva en Oriente Medio, pero Siria se convirtió durante la última década en su principal centro de producción.
Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), entre enero de 2019 y noviembre de 2025, el 80 % de las incautaciones registradas en la región en las que pudo identificarse el país de origen apuntaban a Siria. El organismo considera que la producción ilícita a gran escala quedó seriamente alterada tras el cambio político de diciembre de 2024.
Los datos divulgados por la Administración Antinarcóticos siria el pasado 26 de junio dan otra medida del tamaño de esa infraestructura. Además de los 697 millones de comprimidos, las autoridades decomisaron 15 toneladas de hachís, 10 millones de pastillas de medicamentos narcóticos y 221 toneladas de materias primas utilizadas en la fabricación de drogas.
También localizaron 20 almacenes de materias primas y llevaron a cabo unas 1.550 operaciones desde la caída del antiguo régimen.
La estrategia declarada por las autoridades busca así ir más allá de interceptar el producto terminado y alcanzar la infraestructura que permite fabricarlo, almacenarlo y transportarlo.

Veinticinco millones de pastillas dentro de vasijas
Algunas operaciones muestran hasta qué punto las redes habían perfeccionado sus métodos para ocultar los cargamentos.
El 20 de mayo, las autoridades anunciaron la incautación de 25 millones de pastillas de Captagón preparadas para ser sacadas del país. Los comprimidos estaban ocultos dentro de recipientes de cerámica.
Siete personas fueron detenidas, entre ellas el presunto responsable de la célula, según la Administración Antinarcóticos.
El 17 de julio, las fuerzas antidroga decomisaron 1,3 millones de pastillas de Captagón en la provincia central de Homs, escondidas en cubos de plástico y destinadas, según las autoridades, al contrabando fuera de Siria.
Diez días después, otra operación en Al-Nabk, unos 80 kilómetros al norte de Damasco y cerca de una de las principales rutas hacia la frontera libanesa, permitió interceptar 850.000 pastillas narcóticos procedentes del Líbano.
Las operaciones continuaron en septiembre. El día 12 fueron confiscadas 206.000 pastillas de Captagón en Al-Nabk, junto con armas y explosivos. Un día después, las autoridades interceptaron en Homs otras 310.000 pastillas procedentes del Líbano que, según las autoridades, iban a ser trasladadas a otros países de la región.
La continuidad de las incautaciones pone de relieve uno de los principales problemas. El cierre de grandes centros de producción no supone la desaparición inmediata del tráfico. Las existencias acumuladas, las rutas ya establecidas y la capacidad de adaptación de las redes pueden mantenerlo activo.

Una red que cruza fronteras
La dimensión transnacional del negocio ha llevado a Siria a ampliar su cooperación con los países vecinos y con algunos de los principales destinos de la droga.
Según la Administración Antinarcóticos, las fuerzas sirias realizaron 28 operaciones conjuntas con Irak, 13 con Jordania, nueve con Türkiye y cinco con Arabia Saudita, además de acciones coordinadas con Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Líbano.
La península arábiga sigue siendo uno de los principales mercados de destino del Captagón, mientras Siria y varios de sus vecinos han formado parte durante años de las rutas utilizadas para trasladar los cargamentos.
El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de Naciones Unidas señala que Oriente Próximo y Oriente Medio concentraron el 77 % de las incautaciones mundiales de Captagón entre 2020 y 2024, con una producción localizada principalmente en Siria y Líbano.
El fenómeno trasciende así las fronteras sirias. Las redes pueden cambiar rutas, métodos de ocultación e incluso lugares de producción cuando aumenta la presión de las fuerzas de seguridad.

El mercado cambia, pero no desaparece
La UNODC considera que la producción industrial de Captagón en Siria quedó gravemente alterada después de diciembre de 2024, aunque advierte de que parte de la fabricación puede continuar a menor escala.
El organismo también señala la posibilidad de que algunas actividades se hayan desplazado a otros puntos de Oriente Medio o África. Hasta ahora, sin embargo, Naciones Unidas afirma que no ha podido verificar la existencia de producción de Captagón a gran escala en el continente africano.
Persiste además otra incógnita. No está claro cuánto del Captagón que continúa apareciendo en las fronteras procede de nuevas fábricas y cuánto pertenece a grandes reservas producidas antes de la caída del antiguo régimen.
El Informe Mundial sobre las Drogas de la ONU apunta precisamente a esas dos posibilidades. Los cargamentos detectados pueden proceder de existencias acumuladas o indicar que la producción continúa bajo nuevas condiciones o en otros lugares.

Más allá de las redadas
El nuevo Gobierno sirio intenta ampliar ahora la respuesta más allá de las operaciones policiales.
Los ministerios del Interior y de Salud lanzaron el 26 de junio la campaña nacional “Siria sin drogas”, que incorpora prevención, tratamiento de las adicciones y programas de concienciación junto con las medidas de seguridad.
La iniciativa refleja una segunda dimensión del problema. Cerrar laboratorios y detener a traficantes puede reducir la capacidad de las redes, pero el negocio depende también de la demanda, las conexiones internacionales y la posibilidad de sustituir rápidamente los eslabones que desaparecen.
El desafío para Siria será impedir que vuelvan a formarse las estructuras de producción y tráfico que durante años hicieron del país uno de los principales centros mundiales del Captagón, al tiempo que refuerza la cooperación con los países afectados por su comercio.
La producción a gran escala ha sufrido una profunda alteración, según Naciones Unidas, pero el tráfico continúa. El siguiente paso será determinar si esa ruptura puede convertirse en un cambio duradero.
okz