Apamea, 10 jun (SANA) La histórica ciudad siria de Apamea, uno de los enclaves arqueológicos más importantes de Oriente Próximo, ha recuperado protagonismo internacional tras su incorporación a las listas del patrimonio de la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura (ISESCO), un reconocimiento que refuerza los esfuerzos para preservar el legado cultural de Siria.
La inscripción supone un nuevo impulso para la protección y promoción de este yacimiento, considerado un testimonio excepcional de las civilizaciones que se sucedieron en la región desde la época helenística hasta el periodo islámico, y llega en un contexto de iniciativas nacionales e internacionales destinadas a rehabilitar los sitios patrimoniales afectados por años de conflicto.
Apamea: una ciudad nacida del corazón de las civilizaciones
Situada en la margen oriental del río Orontes, a unos 55 kilómetros al noroeste de Hama, Apamea ocupa una posición estratégica sobre una meseta calcárea que domina la llanura de Ghab, una ubicación que favoreció su desarrollo político, económico y militar.
El director del Departamento de Antigüedades y Museos de Hama, Marwan Ahmad Jarban, explicó que aunque la presencia humana en la zona se remonta a épocas muy antiguas, la ciudad alcanzó su mayor esplendor a finales del siglo IV antes de Cristo, cuando fue fundada por el rey seléucida Seleuco I Nicátor entre los años 300 y 299 a.C.
Bautizada en honor a su esposa Apama, de origen persa, Apamea se convirtió en una de las cuatro grandes ciudades del reino seléucida, junto con Antioquía, Seleucia Pieria y Laodicea.
Durante ese periodo destacó como uno de los principales centros militares del mundo antiguo, conocido por la cría de caballos de guerra y elefantes utilizados por los ejércitos seléucidas.
Tras la conquista romana en el año 64 a.C., la ciudad experimentó una nueva etapa de prosperidad y se consolidó como un importante centro comercial en las rutas que comunicaban el Mediterráneo con Mesopotamia y la península arábiga.
La calle columnada: el corazón de la ciudad
El monumento más emblemático de Apamea es su célebre calle columnada, considerada una de las mejor conservadas del mundo clásico.
Con cerca de 1.850 metros de longitud y hasta 37 metros de ancho, la avenida estaba flanqueada por más de un millar de columnas decoradas y constituía el eje principal de la vida económica y social de la ciudad.
A ambos lados se distribuían mercados, edificios administrativos, templos y baños públicos, reflejo del avanzado urbanismo romano y del desarrollo arquitectónico alcanzado en la antigua Siria.
El conjunto arqueológico incluye además un teatro romano de grandes dimensiones, iglesias bizantinas, palacios, plazas y edificios públicos.
Las excavaciones realizadas en el yacimiento han permitido descubrir numerosos mosaicos de gran valor artístico, considerados entre los más destacados del antiguo Oriente Próximo por la riqueza de sus motivos mitológicos, vegetales y escenas de la vida cotidiana.
Muchos de estos hallazgos se conservan en el Museo de Apamea, instalado en un histórico caravasar otomano que alberga piezas representativas de las distintas etapas históricas de la región.
Del helenístico al islámico: capas de memoria
La importancia de Apamea radica también en la diversidad de culturas que dejaron su huella en el lugar.
El yacimiento conserva vestigios de las épocas helenística, romana y bizantina, además de testimonios de la presencia islámica, lo que convierte a la ciudad en un reflejo de la evolución histórica y cultural de Siria.
Durante el periodo bizantino se transformó en un destacado centro religioso, mientras que en los primeros siglos del islam continuó siendo un núcleo habitado e integrado en las principales rutas comerciales y culturales de la región.
Los especialistas consideran que esta superposición de civilizaciones evidencia el papel histórico de Siria como punto de encuentro entre Oriente y Occidente y como espacio de intercambio de culturas, conocimientos y comercio.
Daños y esfuerzos de protección
El patrimonio arqueológico de Apamea no ha escapado a las consecuencias de la guerra que ha afectado a Siria desde el inicio de la Revolución en 2011.
Según las autoridades sirias, el yacimiento sufrió excavaciones ilegales y actos de saqueo que provocaron daños en parte de sus estructuras, una situación recogida también en diversos informes internacionales sobre la protección del patrimonio cultural.
A pesar de ello, el sitio conserva buena parte de su riqueza arqueológica e histórica, y su incorporación a las listas de la ISESCO fortalece las iniciativas destinadas a su conservación, restauración y documentación.
La Dirección General de Antigüedades y Museos anunció el pasado 25 de mayo la inscripción de nueve nuevos sitios sirios en las listas del organismo islámico, entre ellos Apamea, tras 14 años de ausencia, en una decisión que reafirma el valor del patrimonio cultural sirio y su relevancia dentro de los esfuerzos internacionales para preservar la herencia histórica de la humanidad.
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