Hasakah, 16 sep (SANA) En la gobernación siria de Hasakah, la temporada de la Mouna reúne tradición, producción agrícola y costumbres familiares mediante la preparación de conservas y alimentos que abastecen los hogares durante el invierno. La práctica, transmitida de generación en generación, continúa como una expresión de la identidad local y del aprovechamiento de la diversa producción agrícola de la región.
Para muchas familias sirias, septiembre marca la llegada de la temporada de la Mouna, las provisiones que se preparan para afrontar los meses fríos. En Hasakah, esta tradición continúa presente en los hogares, donde las familias aprovechan la variedad de productos agrícolas locales para conservar verduras, elaborar encurtidos y preparar alimentos que formarán parte de la despensa invernal.
«Para la mayoría de las familias sirias, septiembre es conocido como el mes de la Mouna», explica Rabab Issa, residente de Hasakah, mientras seca verduras y prepara conservas en frascos de vidrio como parte de las reservas familiares.
La producción agrícola y ganadera de esta gobernación del noreste de Siria permite elaborar una amplia variedad de productos. Las mujeres secan okra y molokhia —una planta de hojas utilizada en la cocina tradicional—, además de preparar encurtidos, mermeladas, quesos y otros alimentos básicos.
Rabab explica que la elaboración doméstica de la Mouna permite aprovechar los productos cuando abundan en los mercados y sus precios son más bajos, además de mantener técnicas tradicionales que continúan transmitiéndose entre generaciones.
En su vivienda, los balcones muestran verduras extendidas al sol del verano para completar el proceso de secado antes de ser almacenadas. «Me aseguro de comenzar a secar algunas variedades ya en julio», señala, al recordar que los precios suelen aumentar en septiembre por el incremento de la demanda.
Según relata, durante julio compró okra a unas 250 libras sirias por kilogramo, molokhia a 170, berenjenas a 30 y pimientos a unas 70 libras.
Una tradición transmitida entre generaciones
La preparación de la Mouna forma parte de una historia conservada principalmente por las mujeres, que han transmitido estas prácticas de una generación a otra como parte de la memoria familiar y cultural de la región.
Ahed, una joven de Hasakah, considera esta temporada una ocasión anual para reforzar los lazos familiares. Mujeres y niñas se reúnen para participar en distintas tareas, como limpiar y cortar berenjenas para secarlas, prepararlas para el makdous, recolectar hojas de molokhia o elaborar discos de kishk, en un ambiente marcado por las conversaciones familiares y los recuerdos compartidos.
El poder adquisitivo influye en las provisiones
En el mercado mayorista de verduras de Hasakah, Alaa Al-Ziyad compra ingredientes para preparar las reservas de su familia, especialmente los destinados al kishk, elaborado con yogur y cereales.
«El kishk nunca falta en nuestras mesas durante el invierno. Es un plato nutritivo, reconfortante y económico», afirma.
Al-Ziyad explica que en esta época aumenta especialmente la demanda de berenjena Deiri, utilizada para preparar el makdous, uno de los productos más habituales de la Mouna.
El coste de elaboración varía según los ingredientes y la capacidad económica de cada familia. Algunas utilizan nueces y otras pistachos; unas recurren al aceite de oliva y otras al aceite vegetal. Según Al-Ziyad, el precio de preparar un kilogramo de makdous oscila entre 200 y 400 libras sirias.
Además de las conservas de verduras, las familias aprovechan la temporada para elaborar mermeladas, como la de uva, mientras esperan la llegada de la calabaza a los mercados para preparar nuevas variedades.
Una práctica con dimensión social
En los hogares de Hasakah, la Mouna representa algo más que una forma de almacenar alimentos para el invierno. La práctica mantiene una dimensión social vinculada a las costumbres familiares y a los métodos tradicionales de elaboración.
El investigador Fadel Abdullah señala que la preparación de ciertos productos suele convertirse en una actividad colectiva en la que participan mujeres y niñas.
No obstante, reconoce que los hábitos han cambiado en los últimos años. Algunas familias optan por comprar conservas ya elaboradas para ahorrar tiempo y esfuerzo, mientras otras continúan preparándolas en casa para reducir costes y controlar la calidad de los ingredientes.
Con la llegada de la temporada agrícola y la abundancia de frutas y verduras, la tradición de la Mouna sigue ocupando un lugar destacado en Hasakah, donde combina aspectos económicos, sociales y culturales transmitidos de generación en generación.
rsh