Bruselas, 3 jun (SANA) El Servicio Europeo de Acción Exterior propuso ampliar el mandato de la misión naval Aspidis para asumir el liderazgo de las operaciones de desminado en el estrecho de Ormuz, como parte de una contribución europea a una iniciativa impulsada por Francia y el Reino Unido para reforzar la seguridad marítima en esa estratégica vía de navegación.
De acuerdo con un documento distribuido el pasado 26 de mayo entre los Estados miembros de la Unión Europea (UE), la actual situación en la región requiere una participación efectiva del bloque comunitario dentro de una coalición temporal encabezada por París y Londres, cuya activación dependerá de las condiciones sobre el terreno y se desarrollaría al margen de las partes implicadas en el conflicto.
La propuesta contempla que la Operación Aspidis asuma la coordinación de las tareas de desminado en el estrecho de Ormuz cuando las circunstancias lo permitan, contribuyendo así a restablecer la seguridad de una de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial.
El documento precisa que cualquier modificación del mandato de la misión naval europea deberá contar con la aprobación unánime de los 27 Estados miembros de la UE, requisito que deja abierta la incógnita sobre el nivel de respaldo que recibirá la iniciativa.
Aspidis fue creada en el marco de la Política Común de Seguridad y Defensa de la Unión Europea con el objetivo de proteger la libertad de navegación y fortalecer la seguridad marítima en zonas estratégicas como el mar Rojo, el océano Índico y el Golfo.
Entre sus principales funciones figuran el seguimiento de la situación marítima, la escolta de embarcaciones comerciales y la protección de buques frente a posibles amenazas o ataques.
La propuesta europea surge en un contexto marcado por las preocupaciones internacionales sobre la seguridad en el estrecho de Ormuz, corredor por el que transitan habitualmente alrededor de 20 millones de barriles de petróleo diarios.
El cierre de esa ruta marítima al inicio de la guerra el pasado 28 de febrero provocó un incremento de los costos del transporte y de los seguros marítimos, además de una subida de los precios del crudo en los mercados internacionales, lo que alimentó temores sobre sus repercusiones para la economía global.
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