Damasco,2 feb (SANA) Mientras Siria emerge de una guerra que se prolongó durante más de una década, España continúa enfrentándose al legado histórico de su propia guerra civil (1936–1939). Aunque los contextos difieren en tiempo y circunstancias, ambos conflictos dejaron profundas huellas políticas, sociales y humanas. Bashar Al-Assad ha convertido a Siria en un infierno mediante la destrucción generalizada y una política de violencia, después de que fue uno de los lugares más bellos del planeta, mientras que Francisco Franco, fallecido hace más de 50 años, continúa presente en la memoria colectiva española.
La comparación entre ambos conflictos plantea interrogantes sobre las similitudes entre las dos guerras y la violencia y la criminalidad de ambos dictadores
Masacres y bombardeos contra la población civil
Durante la Guerra Civil española se produjeron numerosas masacres. Una de las más documentadas fue La Desbandá, ocurrida el 8 de febrero de 1937, cuando miles de civiles que huían por la carretera entre Málaga y Almería fueron bombardeados por aviones alemanes e italianos que apoyaban a las fuerzas de Franco. Entre 3.000 y 5.000 personas murieron en el ataque. El médico canadiense Norman Bethune, testigo directo, describió el episodio como “doscientos kilómetros de miseria”.
En Siria, las masacres alcanzaron una escala significativamente mayor. Según la Red Siria de Derechos Humanos, los bombardeos aéreos rusos contra zonas residenciales causaron la muerte de 6 mil 589 civiles, incluidos 2 mil 5 niños y 969 mujeres, entre el 30 de septiembre de 2015 y el 30 de septiembre de 2020. Por su parte, el Observatorio Sirio de Derechos Humanos estimó que el número total de víctimas desde el inicio de la guerra hasta 2020 supera el medio millón de personas.
Apoyo extranjero y consolidación del poder
El respaldo militar de la Alemania nazi y la Italia fascista fue decisivo para que Francisco Franco consolidara su poder. Dicho apoyo permitió el uso sistemático de la aviación contra poblaciones civiles y ofreció a Adolf Hitler y Benito Mussolini un escenario para probar sus fuerzas aéreas.
De forma similar, la intervención rusa fue clave para que Bashar Al-Asad recuperara amplias zonas del territorio sirio que habían quedado bajo control de la oposición, la cual dominaba más del 65 % del país antes del inicio de la intervención rusa en 2015.
Asedios: Madrid y las ciudades sirias
En 1936, Franco lanzó una ofensiva para tomar Madrid, sede del gobierno republicano. La ciudad fue sitiada durante meses desde el suroeste, mientras fuerzas comandadas por el general Emilio Mola presionaban desde el norte. Madrid fue sometida a intensos bombardeos, lo que obligó a la población civil a refugiarse en los túneles del metro. La escasez de alimentos básicos, como pan y arroz, llevó a los residentes a improvisar dietas de subsistencia, incluyendo tortillas elaboradas con cáscaras de naranja y pan rallado con pimientos.
En Siria, el régimen de Bashar Al-Asad utilizó el asedio y la hambruna como herramientas militares para retomar el control de ciudades rebeldes. Entre los casos más destacados se encuentran los asedios a barrios de la Ciudad Vieja de Homs, como Al-Waer y Baba Amr, así como a Alepo, la Guta Oriental en Damasco y Zabadani. Se restringió totalmente el acceso a alimentos y suministros médicos. Numerosos vídeos documentaron a niños al borde de la muerte por desnutrición. El escritor Walid al-Fares, quien vivió el asedio de Homs, documentó 700 días de cerco en su libro Homs: El Gran Asedio, donde relata: “Los sitiados comieron hojas de los árboles hasta que se agotaron, y sacrificaron gatos, tortugas y ranas”.
Arrestos masivos y represión
El régimen sirio sostenía que estaba combatiendo el terrorismo, mientras organizaciones de derechos humanos estimaron que cerca de un millón de personas fueron detenidas entre 2011 y 2021, incluidas más de 150 mil mujeres. Según datos documentados, al menos 105 mil 290 personas murieron bajo tortura. Estas cifras no reflejan la totalidad de los casos debido al temor de las familias a denunciar. Las imágenes filtradas por el fotógrafo conocido como “César”, exmiembro del aparato estatal, expusieron al mundo evidencias gráficas de tortura sistemática en centros de detención sirios.
En España, los partidarios del franquismo promovían una narrativa similar, atribuyendo a Franco la creación de la seguridad social y la protección del patrimonio cultural. Sin embargo, tras el final de la guerra, el régimen intensificó las detenciones. En 1936 ya existían cárceles con capacidad para 150 mil a 200 mil presos y, menos de tres años después, fue necesario habilitar instalaciones para unos 300 mil detenidos, inclusive edificios gubernamentales convertidos en prisiones.
Dos crisis de refugiados
La represión y la violencia provocaron desplazamientos masivos en ambos países. Tras la victoria de Franco, miles de españoles huyeron a América Latina, mientras cerca de medio millón buscaron refugio en Francia, muchos en condiciones precarias.
En el caso sirio, más de 6,5 millones de personas fueron forzadas a abandonar el país y se dispersaron en más de 126 Estados, principalmente en Türkiye y Alemania. En España residen alrededor de 20 mil refugiados sirios. La primera oleada comenzó a finales de 2011 hacia países vecinos como Jordania, Líbano y Türkiye. Tras la intervención rusa en 2015, se produjo una migración masiva hacia Europa a través del Mediterráneo, una travesía que costó la vida a miles de personas. La imagen del niño Aylan Kurdi, hallado sin vida en una playa turca, se convirtió en símbolo de esta tragedia.
Un futuro abierto
Hoy, tras la caída del régimen de Bashar Al-Assad, el retorno a Siria y el inicio de la reconstrucción se presentan como una posibilidad, evocando el proceso vivido por España tras la muerte de Franco en 1975.
Franco y Bashar Al-Assad representan modelos similares de liderazgo autoritario sostenidos por la fuerza y el apoyo externo. España logró llevar a cabo una transición que le permitió cerrar ese capítulo de su historia, y ahora Siria comienza a escribir sus primeras líneas en una nueva etapa marcada por la esperanza, tras décadas de conflicto y sufrimiento.
Por Watfeh Salloum