Tokio, 18 sep (SANA) El número de personas de 100 años o más en Japón superó por primera vez la cifra de 100.000, al alcanzar los 107.677 individuos, en un contexto marcado por el progresivo envejecimiento de la población y la disminución del número de habitantes en el país.
El Ministerio de Salud, Trabajo y Bienestar de Japón informó en un comunicado publicado en su página web el pasado 15 de septiembre que el número de personas centenarias aumentó en 7.914 respecto al año anterior, lo que supone el quincuagésimo sexto incremento consecutivo registrado.
Las mujeres representan la gran mayoría de las personas que han alcanzado o superado los 100 años, con un total de 94.298, equivalente aproximadamente al 88 % del grupo. En contraste, los hombres centenarios suman 13.379 personas, una diferencia significativa frente al número de mujeres.
Japón también alberga a las personas más longevas conocidas del mundo. La mujer de mayor edad registrada tiene 114 años y reside en Kioto, mientras que el hombre más anciano identificado cuenta con 112 años y vive en la prefectura de Kumamoto.
El aumento continuo de la población centenaria se produce al mismo tiempo que Japón afronta importantes desafíos demográficos derivados del envejecimiento de la sociedad, la reducción de la población y el descenso de las tasas de natalidad.
La situación antes mencionada incrementa la necesidad de ampliar y fortalecer los servicios sanitarios y sociales destinados a las personas mayores, además de garantizar la sostenibilidad de los sistemas de seguridad social.
Japón figura entre los países con mayor esperanza de vida del mundo, un fenómeno que suele vincularse con factores relacionados con el estilo de vida de su población.
En este contexto, la dieta tradicional japonesa recibe especial atención en los análisis sobre la longevidad del país. Este modelo alimentario se caracteriza por una amplia variedad de productos, entre ellos pescado, verduras, alimentos derivados de la soja y arroz, además de hábitos cotidianos como caminar, mantener la actividad física y conservar los vínculos sociales, factores asociados a un envejecimiento saludable.
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