Damasco, 23 ago (SANA) En apenas 50 metros cuadrados, residuos orgánicos que normalmente terminarían en vertederos pueden transformarse en alimento animal rico en proteínas y fertilizante orgánico en cuestión de semanas. Esa es la base de un proyecto sirio de cría de mosca soldado negra, una iniciativa que busca combinar gestión de residuos, producción local de piensos y economía circular.
El proyecto, impulsado por Rabie Azhari, comenzó como una experiencia individual hace unos nueve años y se convirtió posteriormente en el primero de su tipo autorizado en Siria, según explicó su promotor a SANA.
Azhari conoció este modelo durante una estancia en Malasia y decidió trasladarlo a Siria, donde, según afirma, encontró condiciones climáticas adecuadas y un entorno favorable para la cría del insecto.
Una idea importada de Malasia y adaptada al clima sirio
Las larvas de la mosca soldado negra se alimentan de residuos orgánicos biodegradables y pueden consumir diariamente una cantidad cercana al doble de su peso.
Entre los materiales utilizados figuran restos de frutas y verduras, desperdicios de cocinas y restaurantes, así como residuos de carne, pescado, pollo y cereales.
Azhari explica que las larvas muestran un mejor rendimiento con materiales ricos en almidones y carbohidratos y con bajos niveles de celulosa y fibra.
La ventaja económica del sistema reside precisamente en el uso de materias primas de escaso o nulo valor comercial. El principal coste, sostiene, es el transporte de los residuos hasta la instalación.
Tras unos 20 días de alimentación, las larvas alcanzan una fase que permite su aprovechamiento como ingrediente para piensos una vez secadas y procesadas.
Residuos baratos, varios productos en un mismo ciclo
El proceso no genera únicamente alimento animal.
Los restos procedentes de la alimentación de las larvas pueden transformarse en fertilizante orgánico, que, según Azhari, puede alcanzar niveles de calidad comparables o superiores a algunos abonos tradicionales.
También existe la posibilidad de extraer aceites de las larvas secas para determinadas aplicaciones cosméticas y farmacéuticas, aunque su aprovechamiento dependería de estudios y procesos especializados.
De este modo, un mismo ciclo productivo permite obtener proteína, fertilizantes y potencialmente otros derivados a partir de materiales que, de otro modo, representarían un residuo.
Hasta un 30 % menos en costes de alimentación
Uno de los principales atractivos del proyecto está en su posible impacto sobre el coste de la alimentación animal.
Las larvas secas y molidas son ricas en proteínas, aminoácidos, vitaminas y grasas y pueden incorporarse a mezclas industriales para sustituir parcialmente ingredientes importados como la harina de soja.
Según Azhari, su utilización podría reducir entre un 25 % y un 30 % los costes de alimentación.
El promotor señala además posibles efectos indirectos asociados al valor nutricional de la mezcla, entre ellos una mejor respuesta inmunitaria en aves, peces y otros animales y una eventual reducción del uso de medicamentos veterinarios.
Actualmente, las cantidades más pequeñas se destinan a mascotas, aves ornamentales y peces de acuario, mientras los volúmenes mayores se comercializan con fábricas de piensos, donde especialistas diseñan mezclas adaptadas a cada especie y etapa de crecimiento.
De huevo a huevo en unos 45 días
La rapidez del ciclo biológico es otro de los elementos que favorecen este modelo.
En condiciones adecuadas, la mosca soldado negra completa su ciclo desde la puesta del huevo hasta una nueva generación en unos 45 días.
La fase larvaria alcanza la madurez alrededor de 20 días después de la eclosión y posteriormente pasa por una etapa de pupa de unos 10 días antes de la aparición de los ejemplares adultos.
Cada hembra puede poner entre 600 y 900 huevos, lo que facilita una rápida reproducción.
Por ello, el proyecto destina aproximadamente el 80 % de las larvas a la producción de pienso y reserva el 20 % restante para garantizar la continuidad del ciclo reproductivo.
Azhari explica que los insectos se crían en espacios cerrados donde se controlan temperatura, humedad, ventilación y luz, lo que permite mantener la producción durante todo el año.
Cincuenta metros cuadrados bastan para empezar
El proyecto tampoco requiere grandes instalaciones en su fase inicial.
Según Azhari, una unidad básica puede comenzar en un espacio cerrado de alrededor de 50 metros cuadrados, siempre que la temperatura se mantenga entre 25 y 27 grados y exista un control adecuado de humedad y ventilación.
La instalación necesita recipientes para la cría, equipos para recolectar larvas y espacios para tratar los residuos.
En su etapa inicial, un equipo de dos o tres personas puede encargarse de la operación.
Azhari afirma que el proyecto funciona con licencia desde hace unos tres años, después de un largo proceso administrativo para obtener autorización.
Considera que la mayor apertura a experiencias agrícolas, ambientales y veterinarias facilitó la incorporación de este tipo de iniciativas al mercado sirio.
Una dimensión que va más allá de la inversión privada
Para Azhari, el proyecto tiene una dimensión económica y ambiental más amplia.
El modelo permite procesar residuos, producir alimento animal y fertilizantes, generar empleo y reducir parte de los costes de la actividad agrícola y ganadera.
También contempla potencial de exportación si la producción logra primero cubrir las necesidades del mercado interno.
El promotor considera que los productos derivados de la mosca soldado negra cuentan con demanda en distintos mercados extranjeros y podrían convertirse en una nueva línea comercial para Siria.
Azhari propone además organizar talleres y programas de capacitación dirigidos a agricultores y trabajadores del sector rural, así como campañas para promover la separación de residuos orgánicos desde el origen.
Proteína local, menos residuos y economía circular
El experto en desarrollo Akram al-Afif considera que el proyecto representa una oportunidad para aprovechar las grandes cantidades de residuos orgánicos generadas en Siria y transformarlas en recursos productivos.
Según explicó a SANA, las larvas convierten esos residuos en una fuente local de proteína apta para la alimentación de aves, peces y ganado.
Al-Afif subraya que el valor del proyecto no se limita a la producción de proteína, sino que se integra en un modelo de economía circular.
La separación de la fracción orgánica permite además recuperar otros materiales como plástico, hierro o vidrio, reducir la presión sobre los vertederos y generar nuevas oportunidades laborales, especialmente en zonas rurales.
El experto advierte, no obstante, que la expansión de este sistema requiere fuentes regulares de residuos orgánicos, una cultura de separación en origen, controles técnicos y sanitarios para la producción de piensos y estudios de mercado previos.
Si esas condiciones se cumplen, sostiene, la mosca soldado negra puede convertirse en un instrumento para transformar residuos en valor económico añadido y contribuir a una producción ganadera más sostenible.
En un país donde la reducción de costes agrícolas y la gestión de residuos constituyen desafíos simultáneos, el proyecto propone una fórmula sencilla: convertir aquello que se desecha en alimento, fertilizante y una nueva fuente de actividad económica.
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