Madrid, 05 ago (SANA) En el centro de Madrid, entre bandejas de baklava, maamoul y knafe, Siria ocupa un espacio que va más allá de estos dulces. En las paredes de la pastelería Sham hay imágenes de Alepo, comparaciones entre platos sirios y españoles y referencias a la historia reciente de Siria.
Nur Mansour, nacida en Madrid y de familia originaria de Alepo, quería que su negocio fuera algo más que un lugar donde vender repostería. “Una parte de Siria aquí en Madrid”, dice.
Desde niña viajaba con frecuencia a Alepo, la ciudad de sus padres y abuelos. En 2007, después de casarse, decidió instalarse allí con su marido. Pensaban que aquella sería su vida, pero cinco años después la guerra los obligó a regresar a España.
En 2012, una explosión cerca de un edificio militar en Alepo y que dañó su vivienda, fue la que la obligó a volver a Madrid para empezar desde cero, según cuenta a SANA.
La emprendedora de 41 años y su marido provienen de familias que vivían en Madrid y en Siria en una situación “acomodada”. El padre de Nur es médico y ella creció en un chalet en Las Rozas, en las afueras de la capital. Pero al abandonar el país dejaron atrás aquella vida y llegaron a España pensando que su estancia sería temporal. “Pensábamos que la revolución terminaría en unos meses y que volveríamos a Alepo”, recuerda.
Tenían unos 11.000 euros y calculaban que permanecerían en Madrid dos o tres meses, hasta que pudieran regresar a Siria. Pero aquellos meses terminaron convirtiéndose en una ausencia de años, mientras la guerra obligaba a millones de sirios a huir de sus hogares.
Cuando tuvieron que replantearse su futuro, tenían una hija de tres años y un bebé recién nacido, según relata a SANA desde una de las pastelerías Sham en Madrid.
Su vuelta coincidió además con una España todavía golpeada por la crisis económica. Encontrar trabajo fue difícil. Nur, licenciada en Filología Árabe, comenzó a trabajar como traductora para el agregado militar de Emiratos Árabes Unidos en España. Su marido, arquitecto, encontró empleo en un restaurante y después pasó a trabajar en una pastelería.
Cuando la empresa donde trabajaba el marido cerró el establecimiento, ambos vieron una oportunidad para empezar un negocio propio.
Al principio, Sham era simplemente una forma de ganarse la vida mientras esperaban volver a Siria. Pero el regreso nunca llegó y el proyecto terminó convirtiéndose en otra forma de mantener vivo el vínculo con su país.
“Empezamos a querer la idea de Sham porque se convirtió también en una parte de Siria en España”, explica Nur.
Una pastelería con una historia detrás
El primer local de Sham, cerca de la mezquita de la M-30, era pequeño. El segundo, cerca del parque del Retiro, tuvo una buena acogida y les animó a seguir creciendo. La pandemia frenó la expansión, pero retomaron el proyecto en 2021 y en 2025 abrieron un cuarto establecimiento en el barrio turístico de Chueca, en el centro de Madrid.
Lo que comenzó como un pequeño negocio, asegura que hoy produce alrededor de 4.000 piezas de repostería al día.
Para Nur, la gastronomía se convirtió en una puerta para hablar de un país que muchos españoles conocían casi exclusivamente por las imágenes de la guerra.
«El objetivo no es solo vender dulces, sino que haya una parte de Siria aquí en Madrid. Queremos dar a conocer el dulce sirio, nuestra cultura y el lado bonito de Siria», cuenta.
Las entrevistas en televisión y radio a Nur sobre su negocio despertaron curiosidad por la historia que había detrás del proyecto y llevaron a nuevos clientes hasta los locales.
Nur también aprovechó ese interés para hablar de la propia gastronomía. La baklava, por ejemplo, es conocida por muchos españoles como un dulce turco. Ella quiere mostrar que existe también una tradición siria de este postre, con sus propias características.
«A los españoles les gusta probar cosas nuevas», explica.
Siria, contada desde las paredes
La identidad del local está también en sus paredes. Nur ha diseñado diferentes composiciones para poner en diálogo elementos de la cultura siria y española.
Una de ellas compara la kibbeh siria con las croquetas españolas. Otras establecen paralelismos entre dulces de ambos países. La intención es acercar dos culturas a través de algo cotidiano: la comida.
Pero algunas imágenes cuentan una historia más reciente.
Una de las obras recuerda el 8 de diciembre de 2024, fecha que Nur describe como «grabada en el corazón de cada sirio», en referencia a la caída del régimen de Bashar al-Assad. Otra compara a Assad con Adolf Hitler, una idea que, según cuenta, surgió de su hija.

Las paredes se han convertido así en una forma de conversación con los clientes. Nur asegura que ha encontrado personas que asociaban a los revolucionarios sirios con el terrorismo y consideraban a Assad el lado positivo de la guerra. Las imágenes, dice, le han permitido explicar la versión correcta.
«A través de estas imágenes, mucha gente aquí conoció la verdad», afirma.
Sin embargo, la pastelería no pretende convertirse en un espacio político. Las referencias a la guerra conviven con la música, las recetas, las imágenes de Alepo y las tradiciones, porque Nur quiere recuperar una parte de Siria que quedó eclipsada por años de guerra.
“Nosotros les hemos dado otra idea: los sirios trabajamos, tenemos capacidad para empezar de nuevo y para construir”, sostiene.
Okba Al Zobani/rr