Damasco, 30 may (SANA) Durante años, Rania Al-Abbasi fue conocida en Siria por su inteligencia, disciplina y capacidad para anticipar movimientos sobre un tablero de ajedrez. Campeona nacional, dentista y madre de seis hijos, construyó una vida marcada por los logros y el compromiso con su comunidad. Sin embargo, su historia terminó convirtiéndose en uno de los casos más dolorosos y emblemáticos de desaparición forzada en Siria.
Hoy, más de una década después de su arresto, el nombre de Rania sigue ocupando un lugar especial en la memoria colectiva de los sirios. No solo por sus éxitos deportivos, sino porque su desaparición, junto con la de toda su familia, simboliza el sufrimiento de miles de personas cuyo destino permaneció oculto durante años.
Una estrella del ajedrez sirio
Nacida en Damasco en 1970, Rania mostró desde temprana edad un talento excepcional para el ajedrez. Con apenas 14 años conquistó el Campeonato Nacional de Siria en su primera participación oficial, celebrada en la ciudad de Homs en 1984.
Aquel triunfo fue el inicio de una trayectoria extraordinaria. Durante una década dominó el ajedrez femenino sirio y representó al país en competiciones internacionales, entre ellas las Olimpiadas Mundiales de Ajedrez de Dubái, Salónica y Novi Sad.
Su entrenador de entonces, el maestro internacional Mohammad Hisham Al-Argha, recuerda a una joven de personalidad firme y extraordinaria capacidad competitiva.
“Siempre destacaba por su inteligencia, su serenidad y su fortaleza de carácter. Era una campeona dentro y fuera del tablero”, afirma.
En 1993 alcanzó uno de los mayores hitos del deporte sirio al conquistar la medalla de oro individual y la medalla de oro por equipos en el Campeonato Árabe de Ajedrez, convirtiéndose en una referencia para generaciones de deportistas.
Una vida dedicada a su profesión y a su familia
Tras concluir su carrera deportiva, Rania se dedicó a la odontología y formó una familia junto a su esposo.
Lejos de la política, quienes la conocieron la describen como una mujer profundamente comprometida con la ayuda social y con las personas más vulnerables.
Su hermana, la doctora Naila Al-Abbasi, recuerda que Rania rechazó varias oportunidades para abandonar Siria porque estaba convencida de que su trabajo humanitario no representaba ningún riesgo.
“Creía que ayudar a las familias desplazadas era un deber moral. Nunca imaginó que aquello pudiera convertirla en un objetivo”, señala.
Familiares y allegados aseguran que dedicó parte de su tiempo a asistir a familias desplazadas que habían llegado a Damasco procedentes de Homs durante los años más difíciles de la guerra.
El día que desapareció toda una familia
La vida de Rania cambió para siempre en marzo de 2013.
Según el testimonio de sus familiares, agentes del aparato de la Inteligencia Militar del derrocado régimen de Al-Assad irrumpieron primero en su vivienda del barrio Proyecto Dummar y detuvieron a su esposo. Dos días después regresaron y arrestaron a Rania, a sus seis hijos y a su secretaria personal, Majdoline Al-Qadi.
Los niños tenían entre 18 meses y 14 años.
Desde aquel momento, la familia perdió todo contacto con ellos.
Durante años, sus seres queridos recorrieron instituciones, realizaron consultas y promovieron campañas internacionales para conocer su paradero. Sin embargo, ninguna información permitió esclarecer qué ocurrió con ellos.
La historia de la familia Al-Abbasi trascendió las fronteras sirias y fue mencionada por organizaciones internacionales de derechos humanos como uno de los casos más representativos de desaparición forzada en el país.
La búsqueda de la verdad continúa
La reciente investigación realizada por la Comisión Nacional para Personas Desaparecidas ha permitido avanzar en el esclarecimiento del caso.
Las autoridades anunciaron que los resultados obtenidos indican, con un alto grado de certeza profesional, que los hijos de Rania Al-Abbasi fallecieron, aunque continúan las labores para localizar sus restos y determinar las circunstancias exactas de lo ocurrido.
Para sus familiares, la noticia representa una mezcla de dolor y esperanza.
Dolor por la pérdida confirmada de los niños.
Esperanza porque, después de años de incertidumbre, la búsqueda de la verdad continúa.
“Esperamos durante mucho tiempo conocer qué ocurrió con Rania y sus hijos”, dice su hermana Naila. “Hoy seguimos confiando en que la investigación permita descubrir toda la verdad y que los responsables rindan cuentas”.
Mientras tanto, el nombre de Rania Al-Abbasi permanece vivo en la memoria de los sirios: una campeona que llevó la bandera de su país a competiciones internacionales, una madre de seis hijos y una mujer cuya historia sigue recordando la importancia de esclarecer el destino de todas las personas desaparecidas durante la guerra.
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