Damasco, 20 may (SANA) Durante más de dos décadas, Wissam Aliya ha recorrido las carreteras que conectan Wadi Barada con Damasco transportando enfermos y heridos en medio de bombardeos, asedios y controles militares, una labor que le convirtió en una figura imprescindible para los habitantes de esta región situada al noroeste de la capital siria.
Conocido entre los residentes como “El Conductor Bala”, por su rapidez para responder a emergencias, Aliya comenzó su labor mucho antes del estallido de la guerra en Siria, aunque fue durante los años de la guerra cuando su trabajo adquirió una dimensión vital.
“En Wadi Barada no hay ambulancias ni hospitales. Si yo no hago este trabajo, ¿quién lo hará?”, afirmó Aliya en declaraciones a SANA.
Según explica, su vocación nació tras sufrir un accidente de bicicleta durante su infancia. Un vecino lo trasladó entonces al Hospital Al Mowasat, en Damasco, donde fue operado.
“Aquella experiencia me hizo sentir responsabilidad hacia los demás”, recordó Aliya, quien comenzó en 2001 a asistir a víctimas de accidentes utilizando una motocicleta que había adquirido poco tiempo antes.
Años de revolución, asedio y redes improvisadas de ambulancias
Con el inicio de las protestas contra el régimen de Bashar al Asad en 2011 y la posterior guerra, la situación sanitaria en Wadi Barada se deterioró drásticamente.
La región quedó sometida a bombardeos y asedios por parte del depuesto régimen, mientras la falta de servicios médicos obligó a los residentes a organizar redes informales para evacuar a los heridos hacia hospitales de Damasco.
Aliya aseguró que colaboró con equipos de defensa civil y grupos de ambulancias improvisadas para trasladar a pacientes y documentar lesiones provocadas por los ataques.
Durante esos años, explicó, utilizó documentos alternativos o falsificados para sortear puestos de control y evitar la detención de desertores, personas buscadas por las autoridades o jóvenes que habían evitado el servicio militar obligatorio.
También afirmó que recurrió a contactos personales en hospitales y a permisos obtenidos mediante sobornos para facilitar el acceso de los pacientes a tratamiento médico.
Estas actividades, señaló, le llevaron a ser detenido y torturado en varias ocasiones por fuerzas militares y de seguridad. Además, su vivienda resultó dañada por ataques con barriles explosivos.
Evacuaciones bajo fuego y pérdidas familiares
Aliya relató que durante la batalla de Wadi Barada, entre diciembre de 2016 y enero de 2017, participó en numerosas evacuaciones médicas mientras los combates se intensificaban en la zona.
La guerra también golpeó directamente a su familia. Su hermano mayor, Ahmed, quien dirigía la unidad local de defensa civil, murió durante el conflicto, mientras otros dos hermanos huyeron hacia Idlib tras la entrada de las fuerzas gubernamentales en la región.
A pesar de ello, decidió permanecer en Wadi Barada para cuidar de sus familiares y continuar ayudando a los residentes que temían abandonar la zona por riesgo de ser arrestados.
Aliya recordó que muchos pacientes y trabajadores sanitarios fueron detenidos o asesinados tras aparecer sus nombres en listas de búsqueda, lo que le llevó en ocasiones a utilizar documentos pertenecientes a fallecidos o personas físicamente similares para conseguir atención médica para los enfermos.
Uno de los episodios más duros ocurrió el 8 de diciembre de 2024, cuando recibió una llamada para evacuar a un combatiente herido cerca de Wadi Barada.
“Más tarde descubrí que era Muhammad, el hijo de mi hermano menor, Badr al Din”, relató. El joven falleció posteriormente en el hospital.
El personal sanitario de la región y numerosos residentes describen a Aliya como una figura clave durante los años más difíciles de la guerra, destacando que nunca aceptó dinero por trasladar pacientes.
Pese a las pérdidas personales y las secuelas de la guerra, continúa llevando enfermos a hospitales de Damasco y sus alrededores de manera voluntaria, convertido para muchos en el último recurso cuando no queda otra opción.
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