Damasco, 25 mar (SANA) En el centro de la Ciudad Vieja de Damasco, la Oficina Anbar (Maktab Anbar, en árabe ) se erige no solo como un edificio histórico, sino como un símbolo vivo de una etapa decisiva en la evolución de la educación árabe en Siria. Este emblemático espacio, donde confluyen belleza arquitectónica y vocación intelectual, continúa proyectando su legado como faro cultural que ha contribuido a forjar la identidad de generaciones.
Cuando un lugar se convierte en mensaje
La Oficina Anbar se destaca por su singular valor estético, considerado uno de los ejemplos más refinados de la arquitectura tradicional damascena. Sus elementos decorativos y su diseño armonioso reflejan una estrecha relación entre arte, funcionalidad y espiritualidad.
El investigador Anas Tallou describe en un estudio especializado la experiencia de recorrer este espacio: el visitante atraviesa un patio cubierto que conduce a un pórtico sostenido por columnas de hierro, coronado por un elegante balcón, antes de abrirse hacia el patio interior. En su centro, una fuente de mármol rodeada de vegetación configura una atmósfera serena que invita a la contemplación.

El conjunto arquitectónico, con sus amplios pórticos de mármol y salas destinadas al aprendizaje y el diálogo, no solo evidencia una estética cuidada, sino que también encarna la esencia del lugar como cuna del conocimiento y la creatividad.
De la Real Escuela Preparatoria al monumento cultural
Situada en la histórica calle Midhat Pasha, la Oficina Anbar fue inaugurada en 1887 bajo el nombre de “Escuela Preparatoria Real”, siendo entonces la única institución de educación secundaria en Damasco y en toda Siria. Su prestigio atrajo a estudiantes de diversas regiones, consolidándola como un centro educativo de referencia.
Posteriormente conocida como “Oficina del Sultán”, desempeñó un papel significativo durante el Mandato Francés, al contribuir al fortalecimiento del sentimiento nacional. En 1935 incorporó programas de formación superior para docentes, antes de que sus estudiantes fueran trasladados al edificio que daría origen a la actual Escuela Secundaria Jawdat al-Hashemi.
Tras la independencia, el edificio diversificó sus funciones: acogió el Instituto de Artes Técnicas y Artes Femeninas, y más tarde se convirtió en Palacio de la Cultura Popular. Tras un amplio proceso de restauración, recuperó su esplendor y hoy figura entre los principales referentes culturales y turísticos de la capital siria.
El prestigio del conocimiento en sus aulas
Más allá de su arquitectura, la verdadera relevancia de la Oficina Anbar radica en la calidad de su legado académico. Por sus aulas pasaron destacados intelectuales que dejaron una profunda huella en sus alumnos y en la vida cultural del país.
Entre ellos sobresalen figuras como Salim al-Jundi, reconocido erudito del idioma árabe; Abd al-Qadir al-Mubarak, destacado lingüista; y el poeta Muhammad al-Bazm, célebre por su elocuencia. Asimismo, el profesor Muslim Inaya encarnó un modelo integral de conocimiento, al combinar excelencia matemática con dominio de lenguas y sensibilidad artística.
El proceso educativo se distinguía por el respeto hacia el saber y hacia la figura del maestro, considerado guía tanto en lo académico como en lo moral. Según los estudios históricos, pese a la ausencia de tecnologías modernas, la eficacia de los métodos pedagógicos permitió la formación de generaciones de alto nivel intelectual.
En la actualidad, la Biblioteca de Anbar representa una síntesis de patrimonio material e inmaterial, albergando no solo estructuras históricas, sino también la memoria de experiencias educativas y culturales profundas.
Su preservación, coinciden especialistas, resulta esencial no solo como atractivo turístico, sino como parte inseparable de la identidad nacional siria y de su rica herencia cultural.
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