Damasco, 29 sep (SANA) Hay historias que permanecen enterradas durante miles de años y otras que, incluso después de ser descubiertas, necesitan décadas para poder ser comprendidas.
En las montañas del noroeste de Alepo, la cueva de Dederiyeh pertenece a las dos categorías.
Sus excavaciones comenzaron hace décadas y sacaron a la luz restos de neandertales, herramientas de piedra y evidencias de la vida de grupos humanos que habitaron esta región hace decenas de miles de años. Ahora, nuevas técnicas científicas están permitiendo volver sobre algunos de aquellos materiales para encontrar información que entonces no podía verse.
Dos estudios presentados este septiembre en Burgos, durante la conferencia anual de la Sociedad Europea para el Estudio de la Evolución Humana (ESHE 2026), han vuelto a poner a Dederiyeh en el centro de la investigación.
No se trata necesariamente de nuevos hallazgos. La novedad está en la forma de mirar los antiguos.
Un diente puede contar una infancia
Uno de los estudios examinó cuatro dientes recuperados durante las excavaciones realizadas en 1997 y 1998.
Las piezas proceden de niveles musterienses del Paleolítico Medio, cuya antigüedad se sitúa preliminarmente entre 50.000 y 70.000 años. Entre ellas hay un molar de leche, dos premolares inferiores y un molar permanente.
El análisis del crecimiento y el desgaste permitió estimar que el molar temporal perteneció probablemente a un niño de entre seis y nueve años. Los dientes permanentes corresponderían, con mayor probabilidad, a un mismo adulto joven, aunque los investigadores no descartan que pudieran pertenecer a dos individuos.
Pero lo más interesante estaba dentro de los dientes.
Mediante estudios anatómicos y tomografías computarizadas, los investigadores pudieron observar estructuras internas que no son visibles a simple vista. Los rasgos analizados respaldan que las piezas pertenecieron a neandertales, aunque algunas de sus medidas difieren de las observadas en ejemplares conocidos de Europa y del Levante.
Y uno de los dientes ofrece una pista todavía más íntima.
Una pequeña marca de estrés, miles de años después
En el esmalte del molar de leche, los investigadores encontraron una alteración en su formación que podría estar relacionada con un episodio de estrés fisiológico durante la infancia.
No permite saber exactamente qué ocurrió. Pero sí deja una huella de que, en algún momento de aquella infancia, el cuerpo atravesó una situación difícil.
Otro de los dientes presenta una pequeña ranura que podría estar relacionada con el uso de objetos finos para limpiar los espacios dentales, según las comparaciones realizadas con otros materiales arqueológicos.
Una marca diminuta que abre una posibilidad fascinante: conocer no solo cómo eran los neandertales, sino también algunos de sus gestos cotidianos.
El tercer niño de Dederiyeh
La otra investigación volvió a estudiar los restos de un tercer niño neandertal descubierto en la cueva en 2009.
Los restos aparecieron en la capa III del yacimiento, junto a herramientas de piedra musterienses y en el mismo nivel arqueológico donde anteriormente había sido encontrado el denominado segundo niño de Dederiyeh.
Tras retirar los sedimentos que cubrían los restos, los investigadores identificaron fragmentos del cráneo, dientes, costillas, vértebras, partes de la pelvis y huesos de las extremidades inferiores.
El análisis confirmó que pertenecían a un individuo diferente del segundo niño encontrado en el lugar.
Esta vez, la tecnología permitió ir todavía más lejos.
Reconstruir un hueso para reconstruir una vida
Mediante tomografía computarizada, el equipo reconstruyó virtualmente el fémur del menor. La técnica permitió estimar su longitud y estudiar con mayor precisión la estructura del hueso.
Su robustez se situó entre los valores registrados en los otros dos niños neandertales conocidos de Dederiyeh.
Los investigadores también observaron diferencias en determinadas características de los huesos, los dientes y la pelvis respecto a los niños de Homo sapiens moderno.
Estas diferencias aportan nuevos datos sobre el desarrollo físico de los neandertales, aunque los científicos advierten de que no bastan por sí solas para identificar una población humana independiente.
Lo que los huesos todavía no habían contado
Quizá la principal aportación de estos estudios no esté en una pieza nueva, sino en una pregunta nueva.
Materiales excavados hace décadas pueden volver a ser estudiados con herramientas que no existían cuando fueron descubiertos. Una tomografía puede revelar el interior de un diente. Una reconstrucción virtual puede devolver la forma de un hueso fragmentado. Una pequeña alteración del esmalte puede aportar información sobre la infancia de un individuo que vivió hace decenas de miles de años.
Pero los investigadores también ponen límites a lo que puede afirmarse.
La antigüedad de entre 50.000 y 70.000 años corresponde a los estratos arqueológicos de los que proceden los dientes y no constituye una datación directa de los restos del tercer niño. Del mismo modo, las diferencias anatómicas observadas no permiten, por sí solas, identificar un grupo humano separado.
Una cueva en el camino entre tres continentes
Dederiyeh se encuentra a unos 60 kilómetros al noroeste de Alepo.
El yacimiento fue identificado durante una prospección arqueológica en 1987 y, desde 1989, una misión conjunta sirio-japonesa llevó a cabo excavaciones que continuaron hasta 2011.
Su importancia va más allá de la cantidad de restos encontrados.
La región se encontraba en un corredor natural entre África, Asia y Europa, una zona atravesada durante la prehistoria por poblaciones humanas que se desplazaron, se adaptaron a distintos entornos y, probablemente, entraron en contacto unas con otras.
Por eso, cada pieza encontrada en Dederiyeh ayuda a reconstruir una historia que no pertenece únicamente a Siria.
Una historia que todavía no termina
Los nuevos estudios recuerdan que un yacimiento arqueológico no deja de hablar cuando terminan las excavaciones.
A veces, una respuesta puede permanecer dentro de un hueso durante décadas, esperando una tecnología capaz de encontrarla. Otras veces, basta con volver a mirar una pieza conocida desde una pregunta diferente.
Dederiyeh lleva décadas ayudando a reconstruir la presencia de los neandertales en Siria y el Levante.
Y sus últimos estudios muestran que aquella historia todavía está lejos de estar completa.
En una cueva del noroeste de Siria, dientes y huesos que sobrevivieron durante decenas de miles de años siguen aportando nuevas pistas sobre cómo vivieron, crecieron y se desplazaron algunos de los primeros habitantes de esta región.
La cueva fue descubierta hace casi cuatro décadas. Pero, para la ciencia, Dederiyeh todavía no ha dicho su última palabra.
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