Damasco, 12 abr (SANA) En el corazón de las montañas del Qalamoun, a unos 56 kilómetros de la capital siria, Damasco, se alza la ciudad de Maaloula, cuyo nombre en arameo significa “la entrada”, en alusión a su célebre desfiladero.
Recorrer este desfiladero no es simplemente transitar entre dos imponentes formaciones rocosas, sino emprender un viaje integral que combina espiritualidad, cultura y naturaleza.
A una altitud que oscila entre los mil 500 y mil 600 metros sobre el nivel del mar, el visitante no solo respira aire puro, sino también la profundidad de una historia milenaria.
Maaloula… La magia del lugar
Maaloula no es solo una ciudad antigua, sino una de las tres únicas localidades del mundo donde aún se conserva el arameo, la lengua de Jesucristo, junto con Jubadin y Bakha (Al-Sarkha).

El desfiladero de Maaloula constituye uno de los principales atractivos turísticos, patrimoniales y naturales de la zona rural de Damasco.
El director de Turismo de Damasco-Campo, Muhammad al-Qasim, explicó a SANA que el valor de estos sitios no radica únicamente en su importancia arqueológica, sino también en su creciente atractivo como destinos turísticos, gracias a su singular belleza y a la experiencia cultural y espiritual que ofrecen.
Al-Qasim señaló además que el referido lugar experimenta una notable afluencia de visitantes, atraídos por la posibilidad de descubrir vestigios de la historia antigua en un entorno natural excepcional.
Rocas que cuentan historias de millones de años y agua que esculpe el camino
Más allá de su relevancia histórica y cultural, el desfiladero posee también una destacada importancia geológica que se remonta a millones de años, ya que sus formaciones rocosas datan de las épocas del Eoceno y el Oligoceno, con una antigüedad estimada entre 56 y 23 millones de años.

Posteriormente, durante el Mioceno, hace entre 23 y cinco millones de años, la región experimentó un proceso de elevación, seguido por transformaciones adicionales a través de fallas geológicas, según explicó el profesor de Geografía Física, Ghassan Salloum.
Además, el especialista detalló que estas fallas y fracturas en las paredes rocosas facilitaron la formación de cursos de agua asociados, fenómeno claramente visible en el desfiladero.
Detalló que durante el invierno, el agua fluye por su interior y se alimenta de arroyos laterales, además de contar con manantiales permanentes, entre ellos uno situado en su margen izquierdo en dirección al monasterio y otro bajo el sendero, que abastece de agua a toda la ciudad.
El desfiladero se extiende a lo largo de unos 300 metros, con una profundidad que varía entre 20 y 30 metros, su anchura, sin embargo, es irregular, con un promedio de cuatro metros, salvo en el área conocida como “la horca”, donde alcanza los 50 metros.
Una de sus características más llamativas es su pronunciada curvatura, que provoca que quienes lo atraviesan desaparezcan momentáneamente de la vista, como si la tierra los envolviera para luego devolverlos, creando una experiencia visual única y cautivadora.
Salloum recordó que la presencia humana en la región del Qalamoun se remonta al Paleolítico Medio, hace entre 250 mil y 300 mil años, cuando los neandertales habitaban y excavaban cuevas.

Agregó que, Más tarde, hace unos 30 mil años, llegaron los cromañones. Desde entonces, la zona ha sido escenario del auge y declive de múltiples civilizaciones, entre ellas la acadia, aramea, griega, romana y, más tarde, la islámica, lo que convierte a Maaloula en un auténtico símbolo histórico vivo enclavado en las montañas sirias.
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