Damasco, 2 mar (SANA) En el corazón de Damasco, donde la piedra conserva la memoria de los siglos, el Palacio Ghazi se alza majestuoso a orillas del río Barada, junto a la mezquita Al-Basrawi. Ambos conforman una escena arquitectónica singular que narra la transición de la ciudad: de una urbe antigua, replegada en sus patios interiores, a una capital abierta al mundo y a nuevas corrientes constructivas.
Erigido en 1814 en la esquina occidental de la Plaza Marjeh, el palacio no es una simple edificación histórica. Fue la primera casa de varios pisos construida en Damasco y constituye uno de los pocos monumentos que, tras más de dos siglos, aún conserva vida y funcionalidad.
Ubicación estratégica e historia viva
Situado en una de las plazas más emblemáticas del Damasco moderno, el Palacio Ghazi dominaba antiguamente el caudal del Barada y se encontraba frente al edificio del gobierno otomano —posteriormente Ministerio del Interior—, lo que le otorgaba un lugar central en la vida política y social de la ciudad.
Amal Ghazi, actual propietaria y descendiente de la familia fundadora, afirma: “Heredé la casa de mis antepasados; es un tesoro cultural e histórico del que no puedo desprenderme. Mi compromiso es preservar su decoración, sus columnas y su estilo arquitectónico, que forman parte de nuestra memoria”.
El palacio data del año 1229 de la Hégira, como consta en la placa de mármol que adorna su fachada. Fue construido por el terrateniente damasceno Ahmed Shaker Ghazi, con la participación de arquitectos franceses y turcos que lograron una fusión inédita entre modernidad europea y autenticidad local. Su hijo Wasef completó posteriormente la obra, y así le otorgó la forma definitiva que hoy conocemos.

Donde Oriente y Occidente se encuentran
El Palacio Ghazi representa un punto de inflexión en la arquitectura damascena. Rompió con el modelo tradicional de casa con patio interior y adoptó una estructura vertical de varios pisos, con piedra tallada, tejas y vigas de hierro, una innovación para su época.
La primera planta alberga un amplio salón de 15 por 4 metros, rodeado por seis habitaciones, cocina y baño. Destaca una mampara de mármol con columnas elegantes, separada por un panel de madera y orientada antiguamente hacia el río Barada. La segunda planta reproduce la misma disposición, reflejo de la importancia de las recepciones y la vida social de la familia.
El tercer nivel, conocido como “Al-Tayyara” (El Avión), es el más distintivo. Rodeado por tres salas, incluye un espacio con techo de tejas emplomadas y balcón con vistas al antiguo Saray, otra sala coronada por una torre piramidal de madera recubierta de zinc que servía como punto de observación, y una tercera estancia cubierta de cristal en forma piramidal, utilizada como salón de aislamiento con vista panorámica a la Plaza Marjeh y sus alrededores.
El arquitecto Muhammad Tawfiq Malas describe el edificio como “un testimonio del desarrollo arquitectónico en Siria”, destacando la riqueza de su fachada, la variedad de arcos —apuntados y convexos— y los balcones ornamentados. Aunque se perciben influencias francesas y persas en el exterior, el interior conserva la esencia damascena en sus lavabos de mármol, vitrales, madera tallada y detalladas decoraciones.
Un monumento que sobrevivió al tiempo
Riad Sharaf Eddin: Un elemento singular del palacio es un antiguo dispositivo instalado en el tejado para medir la velocidad y dirección del viento, lo que revela su función como punto de observación urbana y climática. Esta característica explica por qué la Dirección de Antigüedades lo eligió más tarde como sede, donde se mantienen hasta hoy instrumentos modernos con fines similares.
A lo largo de su historia, el Palacio Ghazi fue residencia familiar y destino de dignatarios y visitantes extranjeros. Aunque gran parte de la zona histórica que lo rodeaba desapareció con el paso del tiempo, la familia logró registrarlo oficialmente como patrimonio para protegerlo de la demolición.
Actualmente, la segunda planta pertenece al Estado y alberga oficinas del Departamento de Antigüedades de Damasco-campo, mientras que el resto permanece bajo custodia de la familia, que lo conserva como un “museo viviente” que refleja dos siglos de vida damascena.
Más que un edificio antiguo, el Palacio Ghazi simboliza el inicio de la modernidad en Damasco y la capacidad de su arquitectura para asimilar influencias externas sin perder identidad. Es la historia de una familia comprometida con la memoria y de una ciudad que, pese a los cambios, continúa resguardando en sus muros el relato de su evolución.
Por Esraa Dubian/rsh

