Kiev/Moscú, 12 jul (SANA) La guerra entre Rusia y Ucrania atraviesa una nueva etapa. Más de cuatro años después del inicio del conflicto, la confrontación ya no se mide únicamente por los kilómetros conquistados en el frente oriental, sino también por la capacidad de ambos bandos para trasladar la guerra al territorio del adversario.
Mientras Moscú concentra sus esfuerzos en conquistar nuevos enclaves estratégicos en la región de Donetsk, Ucrania ha intensificado una campaña de ataques con drones de largo alcance contra infraestructura militar, energética y logística rusa, una estrategia que comienza a alterar el equilibrio operativo y político del conflicto.
Diversos informes de medios occidentales coinciden en que el avance ruso se ha ralentizado, al tiempo que aumentan los costos militares, económicos y sociales para el Kremlin.
Kostyantynivka, el nuevo objetivo estratégico ruso
Uno de los principales focos de la ofensiva rusa es la ciudad de Kostyantynivka, considerada por Moscú una pieza fundamental del denominado “cinturón de fortalezas” ucraniano en la región de Donetsk.
Según el diario británico iPaper, el presidente Vladimir Putin considera que la captura de esta ciudad abriría el camino hacia Sloviansk y Kramatorsk, dos de los principales bastiones defensivos de Ucrania en el este del país.
La importancia de Kostyantynivka trasciende su ubicación geográfica. Su caída permitiría a Rusia consolidar un corredor militar más amplio sobre Donetsk y acercarse a uno de los principales objetivos estratégicos anunciados por Moscú desde el comienzo de la guerra.
Antes del conflicto, la ciudad contaba con unos 66 mil habitantes. Hoy gran parte de su infraestructura ha sido destruida tras meses de bombardeos continuos.
De acuerdo con el informe, Rusia ha desplegado miles de soldados adicionales en los alrededores de la ciudad, mientras los analistas comparan la intensidad de los combates con la prolongada batalla de Bajmut entre 2022 y 2023.
Sin embargo, funcionarios ucranianos y expertos militares consultados por el periódico sostienen que las fuerzas rusas continúan enfrentando una fuerte resistencia, avanzan lentamente y sufren elevadas pérdidas humanas.
Incluso, el informe recuerda que Putin anunció recientemente la captura de la ciudad, una afirmación rechazada por el presidente Volodímir Zelenski y desmentida por el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), que aseguró que no existían evidencias sobre el terreno que respaldaran esa declaración.
La guerra llega al territorio ruso
Mientras la ofensiva terrestre avanza con dificultad, Ucrania ha trasladado parte del enfrentamiento al interior de Rusia.
El Wall Street Journal sostiene que la estrategia desarrollada por Kiev durante el último año ha permitido compensar parcialmente la superioridad numérica rusa mediante el uso masivo de drones de largo alcance.
Estos ataques han alcanzado refinerías de petróleo, depósitos de combustible, centros logísticos, líneas ferroviarias e infraestructura militar tanto en Crimea como en distintas regiones rusas.
Aunque estas operaciones no modifican por sí solas la línea del frente, sí incrementan los costos de la guerra para Moscú al obligarlo a destinar más recursos a la defensa de su retaguardia y dispersar parte de sus capacidades militares.
La guerra, que durante años estuvo concentrada principalmente dentro del territorio ucraniano, comienza así a sentirse también entre la población rusa.
Un avance cada vez más costoso
El Wall Street Journal señala que la estrategia rusa basada en una guerra prolongada enfrenta obstáculos crecientes.
El ritmo de los avances territoriales se ha reducido considerablemente respecto a etapas anteriores del conflicto, mientras las bajas militares superan la capacidad de reclutamiento voluntario.
Al mismo tiempo, las líneas de suministro y la infraestructura energética rusa son objeto de ataques cada vez más frecuentes.
Ruslan Pukhov, director del Centro de Análisis de Estrategias y Tecnologías de Moscú, afirmó que la situación estratégica de Rusia se ha deteriorado durante el último año debido a la desaceleración de la ofensiva, el incremento de los ataques ucranianos y las señales de agotamiento entre las tropas.
Diversos analistas citados por el diario consideran que el Kremlin podría verse obligado a evaluar una movilización militar obligatoria para cubrir el déficit de efectivos, una decisión que Putin ha evitado hasta ahora debido al posible costo político interno.
Los drones cambian las reglas del conflicto
Uno de los cambios más significativos de esta etapa de la guerra es el protagonismo alcanzado por los sistemas no tripulados.
Durante los primeros años del conflicto, los drones fueron utilizados principalmente para reconocimiento o ataques tácticos cerca del frente.
Actualmente, Ucrania dispone de capacidades que le permiten golpear objetivos situados a cientos e incluso miles de kilómetros de distancia.
Esta evolución tecnológica ha reducido parcialmente la ventaja convencional rusa y ha obligado a Moscú a reforzar su defensa aérea en numerosas regiones alejadas del frente de combate.
El uso sistemático de drones también ofrece a Kiev una alternativa menos costosa que las operaciones terrestres tradicionales y le permite mantener presión constante sobre la infraestructura estratégica rusa.
Repercusiones políticas
Los cambios en el campo de batalla también parecen influir en la percepción internacional del conflicto.
Según el Wall Street Journal, el presidente estadounidense Donald Trump ha mostrado una valoración más favorable de las capacidades militares ucranianas tras recibir informes de inteligencia sobre la eficacia de los ataques con drones de largo alcance.
Para Kiev, demostrar que aún puede afectar objetivos estratégicos dentro de Rusia fortalece su posición tanto en el plano militar como en el diplomático, especialmente en momentos en que busca mantener el respaldo de sus aliados occidentales.
Una guerra que entra en otra fase
Los acontecimientos recientes muestran que el conflicto ha dejado de depender exclusivamente de la conquista territorial.
Mientras Rusia continúa intentando consolidar su control sobre Donetsk mediante operaciones terrestres de gran desgaste, Ucrania apuesta cada vez más por una estrategia de desgaste profundo basada en ataques de precisión contra la infraestructura militar y económica rusa.
Aunque ninguno de los dos bandos parece cerca de lograr una victoria decisiva, la combinación de un avance terrestre más lento, el aumento de los costos para Moscú y la expansión de la guerra hacia territorio ruso indica que el conflicto entra en una etapa diferente, en la que la tecnología, la logística y la capacidad de sostener una guerra prolongada podrían resultar tan determinantes como el control del terreno.
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