Washington, 14 abr (SANA) A pesar de su menor dependencia directa del petróleo que transita por el Estrecho de Ormuz en comparación con las naciones asiáticas, Europa se encuentra hoy en el centro de una nueva crisis energética mundial. Este corredor marítimo vital se ha convertido en un foco de tensión debido al conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Aunque los datos del Instituto de Energía de Oxford indican que las importaciones europeas de crudo a través de Ormuz representan solo el 5% del total, y las de productos petrolíferos alcanzan el 10%, la principal vulnerabilidad radica en el combustible de aviación. Casi la mitad (45%) del queroseno que consume Europa proviene de esta región, lo que deja a los sectores de la aviación y el transporte en una posición de extrema fragilidad ante cualquier interrupción del suministro.
A pesar de esta exposición aparentemente limitada, el continente no ha podido evitar el impacto del alza de precios. En marzo pasado, los precios de la energía aumentaron un 4,9%, impulsando la inflación del 1,9% al 2,5%.
Una brecha creciente entre oferta y demanda
Europa afronta esta crisis en una posición debilitada. Desde 2020, su capacidad de refino ha disminuido en aproximadamente 600.000 barriles diarios, mientras que la demanda de gasolina y combustible para aviones ha regresado a niveles previos a la pandemia, e incluso los ha superado.
Este desequilibrio estructural ha ampliado la brecha entre la oferta y la demanda.
Los ataques iraníes a la infraestructura petrolera en Oriente Medio han agravado la situación, provocando una drástica caída en las exportaciones de productos refinados y afectando directamente a los suministros destinados a Europa.
Caída de las importaciones de diésel y una competencia feroz
Europa es una de las regiones más afectadas, con una caída del 70% en sus importaciones de diésel y combustible de aviación procedentes del Golfo. Al mismo tiempo, se enfrenta a una competencia cada vez mayor de los mercados asiáticos por los cargamentos de crudo y productos refinados disponibles.
Las refinerías europeas, por su parte, tienen una capacidad limitada para aumentar la producción, ya sea por restricciones operativas o por la incompatibilidad de los crudos alternativos con el diseño de sus instalaciones.
Estrategias alternativas y soluciones temporales
Ante esta coyuntura, Europa ha recurrido a la liberación de una parte de sus reservas estratégicas, aunque reconoce que se trata de una medida provisional.
Entre la reducción de impuestos, el establecimiento de topes de precios y la apuesta por la vía diplomática para reabrir el estrecho, las opciones del continente parecen limitadas frente a una crisis que trasciende sus fronteras.
A nivel internacional, se multiplican los llamamientos para evitar una mayor escalada del conflicto entre Estados Unidos e Irán y para alcanzar un acuerdo que garantice la estabilidad de la navegación en el Estrecho de Ormuz, una arteria fundamental para el suministro energético mundial.
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