Capitales, 26 mar (SANA) La guerra que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán evidencia un creciente deterioro de la economía iraní y profundiza tensiones internas, en un escenario marcado por presiones financieras, sociales y de seguridad.
Un informe difundido por el medio Independent Arabia advierte que la crisis trasciende el plano militar y alcanza los cimientos económicos del país, lo que dificultará la recuperación incluso en caso de un eventual cese de las hostilidades.
El análisis cita al investigador Nathan Brown, de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional, quien señala que el conflicto ha expuesto la elevada carga financiera que enfrenta Teherán, especialmente por los daños recurrentes a infraestructuras estratégicas.
Una economía al borde del colapso
El informe subraya que el aumento del gasto militar y los ataques a instalaciones clave han agravado la fragilidad económica del país. La moneda nacional ha sufrido una fuerte depreciación, mientras la inflación, que ya superaba el 40 por ciento antes del conflicto, se disparó por encima del 100 por ciento, impulsada por el encarecimiento de los alimentos.
En paralelo, las exportaciones de petróleo, principal fuente de divisas, cayeron por debajo de un millón de barriles diarios durante los períodos de mayor escalada, frente a una capacidad superior a los tres millones, lo que generó pérdidas de miles de millones de dólares.
Especialistas advierten que la economía iraní difícilmente podrá sostener una guerra prolongada, en un contexto en el que requiere inversiones significativas para reconstruir infraestructuras y evitar un mayor deterioro de las condiciones de vida.
Presión interna y vulnerabilidades
Más allá de los indicadores económicos, el conflicto ha puesto en evidencia vulnerabilidades internas. Los ataques a instalaciones sensibles y la eliminación de figuras clave han revelado fisuras en los sistemas de seguridad, mientras el impacto económico incrementa el malestar social.
El aumento de precios y la caída del poder adquisitivo agravan la situación de amplios sectores de la población, lo que limita la capacidad de las autoridades para contener las repercusiones internas de la guerra.
Desafíos sin precedentes para Teherán
El informe apunta además a una posible reconfiguración del equilibrio regional que podría marginar a Irán, en paralelo con un fortalecimiento de la cooperación en seguridad entre países vecinos y actores internacionales, especialmente en torno a la protección de rutas marítimas y el suministro energético.
En ese contexto, la reducción de la capacidad iraní para influir en el mercado energético debilita una de sus principales herramientas de presión geopolítica.
Las proyecciones indican que la economía iraní, ya afectada por un crecimiento limitado antes del conflicto, enfrentará un deterioro adicional, con un aumento de la pobreza que podría afectar a millones de personas.
Analistas coinciden en que los efectos combinados de la guerra, la inflación y los daños a la infraestructura configuran un escenario de alta complejidad para Teherán, que encara uno de los mayores desafíos económicos y sociales de las últimas décadas.
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