Capitales, 8 feb (SANA) Estados Unidos e Irán retomaron en los últimos días una escalada de mensajes cargados de presión y advertencias, tras la conclusión de las negociaciones indirectas celebradas el viernes pasado en la capital de Omán, Mascate, en un contexto marcado por el refuerzo militar estadounidense en la región y el agravamiento de la crisis interna iraní.
En este marco, el representante especial del presidente estadounidense Donald Trump para Oriente Medio, Steve Witkoff, realizó una visita al portaaviones USS Abraham Lincoln, acompañado de altos mandos militares, apenas un día después de participar en las conversaciones con el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araqchi.
Witkoff informó en la red social X que recorrió el portaaviones junto al asesor presidencial Jared Kushner y el almirante Brad Cooper, comandante del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), donde se reunieron con marineros e infantes de marina desplegados en el buque y su grupo de ataque. Precisó que los tres formaron parte de la delegación estadounidense que sostuvo las negociaciones indirectas con Irán en Mascate.
El presidente Trump declaró el viernes que las conversaciones avanzaban “bien” y sostuvo que Teherán parecía dispuesto a alcanzar un acuerdo, al tiempo que anunció una nueva ronda de contactos en los próximos días. No obstante, estas declaraciones coincidieron con advertencias sobre las consecuencias de un eventual fracaso del diálogo, mientras Washington mantiene su política de presión, que incluye el despliegue militar y la imposición de nuevas sanciones contra Irán, en paralelo al aumento de protestas internas en ese país.
Endurecimiento del discurso iraní
En respuesta, la retórica oficial iraní se endureció. Durante la primera Conferencia de Política Exterior celebrada el domingo, el canciller Abbas Araqchi afirmó que Irán está “decidido a enriquecer uranio” y rechazó cualquier intento de imponerle límites. “Nadie tiene derecho a dictarnos lo que debemos hacer ni a exigir que reduzcamos nuestro enriquecimiento a cero”, subrayó.
Araqchi señaló que las instalaciones nucleares iraníes fueron objeto de ataques que no alcanzaron sus objetivos, y sostuvo que la negociación constituye ahora la única opción viable para la otra parte.
Reiteró que Irán no acepta coerción ni dictados, aunque aseguró estar dispuesto a responder preguntas y priorizar la vía diplomática. “Si la otra parte elige el camino de la diplomacia, nosotros haremos lo mismo”, afirmó.
Analistas consideran que el cruce de advertencias forma parte de una estrategia de presión mutua destinada a ganar margen de maniobra en las negociaciones, sin descartar que la opción militar permanezca latente en caso de un colapso del proceso diplomático.
Protestas y balance de víctimas
En un acontecimiento relacionado, la agencia independiente iraní de derechos humanos HRANA informó que, al cierre del día 42 de protestas, se registraron 675 incidentes en 210 ciudades y 31 provincias del país. Según sus datos, se confirmaron 6.961 muertes vinculadas a las manifestaciones, mientras que otros 11.630 casos permanecen bajo investigación.
HRANA reportó además 51.465 arrestos y 11.048 citaciones judiciales, así como un incremento de las acciones de seguridad contra manifestantes y sus presuntos simpatizantes, entre ellos activistas políticos, periodistas, personal médico, estudiantes y ciudadanos comunes. La agencia denunció allanamientos de viviendas, confiscación de equipos de comunicación, congelamiento de cuentas bancarias, imputaciones judiciales y la muerte de un manifestante bajo custodia.
Las tensiones entre Teherán y Washington se intensificaron tras la expansión de las protestas iniciadas el 28 de diciembre, cuando comerciantes del Gran Bazar de Teherán convocaron una huelga en rechazo al colapso de la moneda nacional y al deterioro de la situación económica. Según activistas y organizaciones de derechos humanos, las autoridades respondieron con detenciones, restricciones y una creciente represión.
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