Damasco, 1 feb (SANA) Desde los primeros meses de las protestas registradas en Siria en 2011, la participación femenina adquirió una visibilidad inédita en el ámbito del activismo civil, no solo en las manifestaciones, sino también en tareas de organización, liderazgo y comunicación. En ese contexto emergió la figura de Razan Zaitouneh, abogada y militante siria conocida por su trabajo en defensa de los derechos civiles.
Zaitouneh, con formación jurídica, comenzó su actividad pública como defensora de presos políticos y de libertades fundamentales. Al inicio de la Revolución Siria en 2011, se involucró en el apoyo a familiares de detenidos y en iniciativas orientadas a la asistencia legal y humanitaria.
En declaraciones difundidas por el medio alemán Deutsche Welle (DW), Zaitouneh señaló: “Vivimos en Siria y compartimos estas historias con un profundo sentimiento por su gente, en un contexto marcado por manifestaciones pacíficas y demandas de libertad”. La cita refleja la perspectiva desde la que abordaba su labor, centrada en el testimonio directo y la documentación.
Además de su actividad legal, Razan Zaitouneh dirigió el Centro para la Documentación de Violaciones en Siria (VDC) y participó en la creación de redes de coordinación destinadas a recopilar información sobre presuntas vulneraciones de derechos, con metodologías y normas específicas para la elaboración de informes.

En 2013, Zaitouneh se trasladó a la ciudad de Duma, en la periferia de Damasco, donde continuó su trabajo pese a las condiciones de seguridad. Ese mismo año, el VDC documentó varios episodios graves, entre ellos el ataque químico en la Ghouta Oriental en agosto de 2013. En un testimonio escrito, Zaitouneh expresó: “He sido testigo de la masacre; hay mujeres y niños en las calles, y el llanto de los niños cubre a las víctimas”.
A finales de 2013, Razan Zaitouneh desapareció junto a varios de sus colaboradores en Duma, un caso conocido posteriormente como el del “Cuarteto de Duma”, cuya suerte sigue sin esclarecerse. Su desaparición se convirtió en uno de los episodios más oscuros y dolorosos para el movimiento civil surgido en esos años.
La labor de Zaitouneh fue reconocida a nivel internacional. En octubre de 2011, recibió el Premio Anna Politkovskaya, otorgado por organizaciones de derechos humanos, y ese mismo mes fue incluida entre los galardonados con el Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia, concedido por el Parlamento Europeo a un grupo de activistas árabes.
A más de una década de su desaparición, Razan Zaitouneh permanece como un símbolo del activismo civil sirio. Su trayectoria sigue presente en la memoria colectiva como expresión de una etapa compleja y decisiva de la historia reciente del país.
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