Damasco, 28 jun (SANA) El petróleo continúa desempeñando un papel determinante en los principales escenarios de tensión internacional, al convertirse en un instrumento de presión política, económica y militar tanto en la escalada entre Irán, Estados Unidos e Israel como en la guerra entre Rusia y Ucrania.
El estrecho de Ormuz vuelve al centro de las tensiones
Las recientes acciones militares en el estrecho de Ormuz reavivaron la preocupación por la seguridad del suministro energético mundial, tras una serie de incidentes contra buques mercantes y petroleros que incrementaron el riesgo de una interrupción del tráfico marítimo por esa estratégica vía.
La Organización de Operaciones Marítimas del Reino Unido (UKMTO) informó del ataque contra un petrolero en el estrecho, mientras Washington responsabilizó a Irán de otra acción contra un buque comercial y respondió con bombardeos sobre instalaciones iraníes, al alegar la necesidad de proteger la navegación internacional.
En respuesta, Teherán lanzó ataques con misiles y drones contra objetivos en Kuwait y Baréin, lo que elevó el temor a una mayor escalada militar con posibles repercusiones sobre el flujo de hidrocarburos a través del Golfo Arábigo.
Datos del transporte marítimo indican que el estrecho de Ormuz registra actualmente el tránsito de unos nueve millones de barriles diarios de petróleo, cifra superior a la contabilizada antes de la firma del memorando de entendimiento entre Washington y Teherán.
Disputa por el control de una ruta energética clave
Las diferencias sobre la gestión del estrecho continúan marcando las negociaciones regionales. Irán mantiene su intención de ejercer control sobre esa vía marítima e imponer tarifas a los buques que la atraviesen, postura rechazada por Estados Unidos y por los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), que defienden la libre navegación conforme al derecho internacional.
En ese contexto, los ministros de Relaciones Exteriores del CCG reiteraron recientemente su respaldo al libre tránsito por Ormuz y expresaron su rechazo a cualquier medida que limite la circulación marítima o establezca gravámenes sobre el paso de embarcaciones.
Paralelamente, Estados Unidos anunció una suspensión temporal de determinadas sanciones relacionadas con el petróleo iraní, al autorizar operaciones vinculadas con la producción, venta y transporte de crudo hasta el próximo 21 de agosto. La decisión coincidió con una caída de los precios internacionales del petróleo tras la firma del acuerdo de alto el fuego.
Infraestructuras energéticas, nuevo frente en la guerra ruso-ucraniana
Mientras tanto, el conflicto entre Rusia y Ucrania muestra una creciente concentración de ataques contra instalaciones energéticas e infraestructura petrolera, desplazando parte de las operaciones militares desde el frente de combate hacia objetivos económicos estratégicos.
Durante los primeros meses de 2026 se registraron ataques contra refinerías, depósitos de combustible, estaciones de bombeo y puertos de exportación en ambos países, con efectos sobre la capacidad de producción y distribución de hidrocarburos.
El viceprimer ministro ruso, Alexander Novak, reconoció recientemente una disminución de la producción petrolera desde comienzos de año, en medio del impacto de las acciones militares sobre el sector energético.
En ambos escenarios, el control de los recursos energéticos continúa ocupando un lugar central en las estrategias de presión política y militar, mientras el petróleo reafirma su condición de factor determinante tanto en los conflictos armados como en los procesos de negociación internacional.
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