Moscú, 19 may (SANA) El presidente ruso, Vladímir Putin, inicia hoy una visita oficial de dos días a China, un paso que refleja la creciente importancia de la asociación entre Moscú y Pekín en un contexto de escalada de tensiones internacionales y rápidos cambios en el equilibrio de poder global.
Según informó el Kremlin, Putin mantendrá conversaciones ampliadas con el presidente chino, Xi Jinping, centradas en el fortalecimiento de la asociación estratégica, la cooperación económica y el sector energético, además de abordar asuntos internacionales urgentes como la guerra en Ucrania y la evolución de la situación en Irán.
Relaciones a un “nivel sin precedentes”
Antes de partir hacia Pekín, Putin declaró al portal RT que las relaciones entre ambos países han alcanzado un nivel sin precedentes. El mandatario ruso destacó que el comercio bilateral mantiene un crecimiento constante, se realiza casi en su totalidad en rublos y yuanes, y hace tiempo que superó la barrera de los 200.000 millones de dólares.
Asimismo, añadió que Moscú y Pekín desarrollan activamente sus vínculos en los ámbitos político, económico y de defensa, al tiempo que expanden los intercambios humanitarios, fomentan el acercamiento entre ambos pueblos, profundizan la cooperación bilateral e impulsan el desarrollo integral.
Por su parte, el asesor de Asuntos Internacionales de la Presidencia rusa, Yuri Ushakov, señaló que ambos mandatarios firmarán una declaración conjunta sobre el desarrollo de las relaciones bilaterales, su visión compartida de los temas urgentes de la agenda internacional y el establecimiento de un mundo multipolar.
La energía lidera la agenda
El Kremlin detalló que la delegación rusa es de alto nivel e incluye a ministros, directivos de las principales empresas del país y altos cargos de sectores vitales. Ambas partes prevén firmar alrededor de 40 documentos destinados a consolidar los lazos bilaterales en las áreas de industria, transporte, energía nuclear y cooperación humanitaria.
El sector energético encabeza la agenda de las conversaciones, con especial atención al proyecto del gasoducto “Fuerza de Siberia 2”, mediante el cual Moscú busca expandir sus exportaciones de gas hacia el mercado chino tras la caída de los suministros a Europa a causa de las sanciones occidentales.
Un comercio al alza
Los vínculos entre Moscú y Pekín se han profundizado desde el inicio de la guerra de Ucrania en 2022; desde entonces, Putin viaja a China anualmente. Ante la presión occidental en la escena internacional, la dependencia económica de Rusia hacia Pekín se ha intensificado, convirtiendo al gigante asiático en el principal comprador del petróleo ruso sancionado, a cambio de la exportación de equipos industriales, electrónica y automóviles al mercado ruso.
De acuerdo con el Ministerio de Comercio de China, el volumen del comercio bilateral alcanzó aproximadamente los 228.000 millones de dólares el año pasado, superando el umbral de los 200.000 millones por tercer año consecutivo, lo que consolida a China como el mayor socio comercial de Rusia por decimosexto año consecutivo.
Tras el cierre del estrecho de Ormuz, las exportaciones de petróleo ruso a China aumentaron un 35 % durante el primer trimestre de este año. Moscú confía en que Pekín refuerce su compromiso con la relación bilateral, especialmente después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmara durante su visita de la semana pasada a China que el país asiático había accedido a comprar crudo estadounidense para satisfacer su “insaciable apetito energético”.
Asociación y mensajes cruzados
La visita de Putin se produce pocos días después de la de Trump a China; sin embargo, el Kremlin desmintió cualquier vínculo directo entre ambos viajes y aseguró que la agenda de conversaciones con Pekín estaba fijada de antemano. No obstante, la sucesión de ambas visitas refleja una intensa rivalidad internacional e intentos paralelos por rediseñar los equilibrios globales.
En este sentido, los expertos señalan que las prioridades de Pekín y Moscú podrían diferir en ciertos asuntos, particularmente respecto a la tensión en el estrecho de Ormuz. Mientras que China depende de la libre navegación para sostener su economía y prefiere un pronto fin de las hostilidades en la zona, Moscú contempla la situación desde otra perspectiva, dado que se ha beneficiado económicamente del conflicto en Irán debido a la flexibilización de las restricciones sobre los suministros energéticos rusos.
Coordinación internacional y discurso común
Ante las tensiones internacionales y el creciente riesgo de colapso de las normas del derecho internacional, la coordinación entre China y Rusia adquiere gran relevancia para mantener la estabilidad global y apoyar el multilateralismo. Ambos países emplean un discurso crítico con la hegemonía y las sanciones unilaterales, defendiendo la necesidad de construir un orden internacional más justo y multipolar.
Creciente cooperación económica y militar
La cooperación ruso-china se ha expandido a los campos de la energía, la tecnología, el espacio, la inteligencia artificial y la defensa, acompañada de un incremento en la frecuencia de las maniobras militares conjuntas y la coordinación en foros internacionales.
Moscú y Pekín han intensificado sus ejercicios conjuntos en la región de Asia-Pacífico, han ampliado el intercambio de tecnología de defensa y sistemas de alerta temprana, y mantienen su concertación política en el seno de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) y el grupo BRICS, coincidiendo habitualmente en sus posturas dentro del Consejo de Seguridad de la ONU.
Asimetría en la dependencia económica
Los datos del instituto MERICS, especializado en relaciones sino-rusas, indican que China se ha convertido, con diferencia, en el mayor socio comercial de Rusia, y que su participación en el comercio exterior ruso aumentó drásticamente después de 2022, llegando a representar cerca de un tercio o más del total de los intercambios rusos.
Por el contrario, los datos del Observatorio de Complejidad Económica (OEC) muestran que Rusia, a pesar de ser un proveedor energético clave, representa solo entre el 5 % y el 6 % del comercio total de China, situándose por detrás de sus principales socios comerciales (Estados Unidos, la ASEAN y la Unión Europea).
Simbolismo histórico
Las relaciones sino-rusas avanzan a paso firme desde 2013, periodo en el que ambos mandatarios se han reunido en más de cuarenta ocasiones en marcos bilaterales y multilaterales.
La visita adquiere un significado especial este año al coincidir con el 30º aniversario del establecimiento de la “asociación de coordinación estratégica” entre ambos países y el 25º aniversario del Tratado de Buena Vecindad, Amistad y Cooperación; efemérides que tanto Moscú como Pekín buscan capitalizar para reafirmar que su relación se ha consolidado como uno de los ejes principales de los nuevos equilibrios internacionales.
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