Deraa/Quneitra, 26 jul (SANA) El derrocamiento del régimen de Bashar Al-Assad, el 8 de diciembre de 2024, marcó un punto de inflexión en el panorama de seguridad del sur de Siria, donde las incursiones terrestres israelíes se han convertido en una realidad cotidiana mientras Damasco trata de contenerlas por la vía diplomática.
Apenas unas horas después del anuncio de la liberación del país, las autoridades israelíes dieron por superado el Acuerdo de Separación de 1974, una decisión que alteró el marco de seguridad vigente durante décadas.
El cambio se tradujo rápidamente en una ofensiva israelí a gran escala contra instalaciones militares, depósitos de armas y otros puntos estratégicos, acompañada de una incursión terrestre en la zona de amortiguación establecida por el acuerdo.
Las fuerzas israelíes establecieron además al menos nueve bases militares, principalmente en la provincia de Quneitra, que utilizan como puntos de partida para sus operaciones dentro del territorio sirio.
Incursiones diarias en Daraa y Quneitra
El inicio de la nueva etapa política despertó entre los sirios la expectativa de que la paz y la reconstrucción definieran el futuro inmediato del país.
Sin embargo, esa aspiración contrasta con la situación en el sur, donde las incursiones israelíes mantienen a las zonas rurales de Daraa y Quneitra en un clima permanente de incertidumbre.
Los movimientos de las tropas ya no constituyen operaciones aisladas, sino que forman parte de la vida diaria de los habitantes de numerosas localidades.
Tras penetrar en territorio sirio, los vehículos israelíes realizan labores de excavación y movimiento de tierras, levantan puestos militares temporales y, después de retirarse, dejan aldeas afectadas por el temor a nuevas incursiones.
La Red Siria para los Derechos Humanos informó a la agencia SANA que documentó más de 403 incursiones terrestres israelíes desde el 8 de diciembre de 2024, las cuales afectaron a decenas de pueblos y ciudades de Daraa y Quneitra.
Según la organización, las operaciones incluyeron registros de viviendas, detenciones de civiles, movimientos de tierra en terrenos agrícolas, demoliciones de casas, construcción de carreteras y establecimiento de bases y posiciones militares.
Esas prácticas reflejan, de acuerdo con la Red, una evolución desde movimientos puntuales hacia un despliegue militar más sostenido dentro del territorio sirio.
Restricciones y desplazamientos
El director de la Red Siria para los Derechos Humanos, Fadel Abdul Ghani, afirmó que las operaciones israelíes limitaron el acceso de numerosos residentes a sus tierras y medios de subsistencia, además de generar un clima persistente de miedo e inestabilidad.
También provocaron el desplazamiento de familias después de la demolición o confiscación de sus viviendas y les impidieron regresar a sus propiedades, agregó.
En su análisis jurídico, Abdul Ghani consideró que las demoliciones documentadas justifican la apertura de una investigación, pues podrían constituir crímenes de guerra.
Asimismo, señaló que algunos casos de desplazamiento forzoso podrían representar graves violaciones del derecho internacional humanitario.
Coste humano de las incursiones
Las consecuencias no se limitan a los daños materiales y territoriales, sino que afectan directamente a la población civil.
La Red documentó la muerte de al menos 29 personas, entre ellas tres niños y una mujer, así como el secuestro o la detención arbitraria de otras 147, incluidos 19 menores.
De ese total, 103 personas fueron liberadas, mientras se desconoce el paradero de las 44 restantes.
Abdul Ghani explicó que los informes de la organización incluyeron llamamientos al Consejo de Seguridad y al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, a Naciones Unidas y a los Estados parte de los Convenios de Ginebra para que actúen con el fin de detener los ataques israelíes y esclarecer el destino de los detenidos.
La Red también solicitó ampliar el mandato de la Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación (FNUOS), para que no se limite a supervisar la aplicación del acuerdo de 1974, sino que vigile también las violaciones cometidas contra civiles, incluidas las detenciones y los registros de viviendas.
Abdul Ghani calificó de «limitada» la respuesta internacional, al considerar que se circunscribió a condenar la presencia militar israelí en la zona de amortiguación y señalar que sus actividades violan el Acuerdo de Separación.
Sin embargo, apuntó, no se adoptaron medidas concretas ni se creó un mecanismo independiente de investigación y rendición de cuentas.
Una política de hechos consumados
El analista militar Assaad Al-Zoubi dijo a SANA que las incursiones israelíes forman parte de una «política colonial» destinada a imponer nuevas realidades sobre el terreno.
A su juicio, las primeras operaciones buscaban medir la reacción de los habitantes locales y tenían también un carácter provocador.
Al-Zoubi estimó que la presencia militar israelí pretende consolidar un hecho consumado mientras se espera un eventual acuerdo de seguridad con el Gobierno sirio que permita reorganizar la situación sobre la base del pacto de 1974.
El experto señaló que los puestos militares instalados por Israel pueden parecer temporales, pero probablemente permanecerán durante periodos prolongados.
Esas posiciones, explicó, funcionan como líneas defensivas avanzadas que ofrecen mayor protección a las tropas israelíes y mejoran sus capacidades de vigilancia y desplazamiento.
Al-Zoubi destacó asimismo la importancia estratégica del despliegue israelí en la cima del monte Hermón, conocido en Siria como Jabal al-Sheikh, debido a su posición dominante sobre amplias zonas del territorio sirio y partes del Líbano.
Según sus estimaciones, la zona de amortiguación en ese sector se extendió hasta unos 12 kilómetros, y el control de la cima otorga a las fuerzas israelíes una posición avanzada dentro de Siria.
El analista sostuvo que Israel recurre a la política de los hechos consumados, mientras el Gobierno sirio mantiene desde el inicio de la nueva etapa su compromiso de restaurar la seguridad y la estabilidad.
También acusó a Israel de respaldar a grupos dentro de Siria con el propósito de desestabilizar el país y defendió la vía diplomática como la mejor opción para afrontar la situación.
Damasco apuesta por la diplomacia
El Gobierno sirio mantiene su compromiso con una respuesta diplomática basada en el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas.
Frente a la lógica de la fuerza, Damasco recurre a los mecanismos jurídicos y políticos para defender su soberanía, su seguridad y su integridad territorial.
Esta estrategia se ha traducido en una serie de gestiones diplomáticas, entre ellas la visita a Damasco del secretario general de la ONU, António Guterres, por invitación del Gobierno sirio.
Naciones Unidas señaló que el viaje busca renovar el compromiso del organismo con Siria y su población durante la actual etapa, y reafirmar la necesidad de respetar la soberanía, la unidad y la integridad territorial del país.
Guterres también tenía previsto visitar a la FNUOS, un paso que volvió a situar en primer plano la situación del sur de Siria y el papel de la ONU en la supervisión de los mecanismos de seguridad vinculados al Acuerdo de Separación de 1974.
En ese mismo contexto, el presidente sirio Ahmad Al-Sharaa, ha reiterado en foros y encuentros internacionales que las violaciones israelíes figuran entre las prioridades de la acción diplomática de Damasco.
El mandatario ha pedido a la comunidad internacional que asuma sus responsabilidades, proteja la soberanía y la integridad territorial de Siria y actúe para poner fin a los ataques israelíes.
Una de sus intervenciones más recientes se produjo durante una reunión con el presidente francés, Emmanuel Macron, en Damasco, en la que reclamó un papel más activo de Francia en apoyo de los esfuerzos para detener las violaciones israelíes y reforzar la estabilidad en el sur del país.
Una estabilidad aplazada
El sur de Siria permanece atrapado entre dos enfoques contrapuestos: la apuesta de Damasco por la diplomacia y el derecho internacional, y la política israelí de imponer hechos consumados mediante la fuerza.
Mientras el primero busca consolidar la seguridad y abrir el camino hacia la reconstrucción, el segundo prolonga las tensiones y aplaza las perspectivas de estabilidad.
En ausencia de señales que indiquen el fin de las incursiones, las localidades de Daraa y Quneitra continúan sometidas a una presión diaria.
El paso de los vehículos militares forma ya parte de la rutina de sus habitantes, mientras la posibilidad de una nueva incursión se convierte en una preocupación recurrente antes de cada amanecer.
Esa realidad refleja la magnitud de los obstáculos que todavía dificultan el camino del sur de Siria hacia la seguridad, la recuperación y la estabilidad.
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