Maaret Shurin, 2 jun (SANA) En una nave industrial aún rodeada de edificios dañados por la guerra, Mohammed Ahmed Abdul Hafez observa cómo las máquinas vuelven a funcionar. Durante años mantuvo su fábrica de utensilios de cocina lejos de su pueblo natal, después de que los bombardeos del depuesto régimen obligaran a miles de familias a abandonar la localidad siria de Maaret Shurin.
Ahora ha regresado
“Volver a abrir fue un momento muy importante”, explica a SANA mientras supervisa el trabajo de decenas de empleados. Su fábrica, reconstruida tras quedar completamente destruida, da empleo directo a unas 35 personas y genera además ingresos para varias mujeres que realizan parte de la producción desde sus hogares.
La reapertura forma parte de un lento pero significativo proceso de recuperación en esta localidad de la provincia de Idlib, donde diez fábricas han retomado recientemente su actividad tras años de desplazamiento de sus propietarios y trabajadores.
Antes de la guerra, Maaret Shurin era uno de los principales centros industriales de la región. Cerca de 200 fábricas producían alfombras, esteras de plástico, artículos de fibra y otros productos que se comercializaban en Siria y se exportaban a varios países de Oriente Medio.
La guerra interrumpió esa dinámica
Muchos empresarios trasladaron sus negocios a otras zonas del país para sobrevivir, mientras que otros lo perdieron todo. Cuando las familias comenzaron a regresar, encontraron viviendas destruidas, calles deterioradas y una infraestructura incapaz de sostener la actividad económica que había distinguido al pueblo durante décadas.
Entre quienes han decidido empezar de nuevo está Huthaifa Abdul-Hafiz, propietario de una fábrica de esteras de plástico fundada en la década de 1980.
“Sentí una gran alegría al regresar”, cuenta. Sin embargo, reconoce que el entusiasmo inicial se vio acompañado por la magnitud de los daños. “La destrucción era enorme. Las fábricas, los comercios y gran parte de la infraestructura habían quedado devastados”.
Aun así, insiste en que volver era necesario
La falta de electricidad estable y de servicios básicos sigue siendo uno de los principales obstáculos para quienes desean retomar sus actividades. Muchos industriales continúan fuera de la localidad porque no disponen de los recursos necesarios para reconstruir sus instalaciones.
El alcalde de Maaret Shurin, Muhammad Awad Abdul-Hafiz, recuerda con orgullo el pasado industrial del pueblo, famoso en toda Siria por la fabricación de alfombras, esteras, sillas y otros productos artesanales.
“El regreso de diez fábricas puede parecer poco, pero representa un primer paso muy importante”, afirma. A su juicio, la cifra refleja tanto el deseo de recuperación como la magnitud de las pérdidas sufridas durante años.
La localidad perdió buena parte de su mano de obra especializada y de su capacidad productiva. Sin embargo, cada taller que reabre supone nuevas oportunidades para las familias que intentan reconstruir sus vidas.
Por ello, las autoridades locales reclaman mayores esfuerzos para facilitar el retorno de los desplazados, mejorar el suministro eléctrico y apoyar a los industriales mediante incentivos que permitan acelerar la recuperación económica.
Mientras tanto, en los talleres que han vuelto a funcionar, las máquinas siguen trabajando.
No lo hacen aún al ritmo de los años de prosperidad que recuerdan los habitantes más veteranos. Pero para muchos vecinos, el simple hecho de volver a escuchar ese sonido es una señal de que la vida comienza a abrirse paso de nuevo entre las huellas de la guerra.
En Maaret Shurin, donde durante años el silencio sustituyó al bullicio de la producción, la reactivación de las fábricas se ha convertido en algo más que una recuperación económica: es también un símbolo de regreso, resiliencia y esperanza.
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