Homs, 5 may (SANA) En una cocina donde los gestos dicen tanto como las palabras, Hala al-Hassami, con síndrome de Down, encontró desde niña una forma de expresarse. Vestida con su uniforme blanco de chef y concentrada en cada movimiento, mezcla ingredientes con precisión en una escena cotidiana que resume años de esfuerzo, aprendizaje y apoyo familiar.
“Empecé a cocinar cuando era pequeña. Mi mamá me ayudaba y mi papá me apoyaba”, cuenta Hala a SANA, con la sencillez de quien ha construido su camino paso a paso.
Su madre, Sahar al-Akhras, recuerda que todo comenzó como un juego que pronto se convirtió en pasión. “Desde pequeña le gustaba entrar en la cocina y ayudar, aunque fueran cosas simples. Era evidente que tenía interés por la cocina”, explica. Con el tiempo, ese interés se transformó en una herramienta para romper estereotipos.
La familia decidió entonces abrir una página en redes sociales para compartir su experiencia y enviar un mensaje de esperanza. “Queríamos mostrar que tener un hijo con discapacidad no significa rendirse, sino descubrir capacidades diferentes”, señala.
El camino no ha estado exento de dificultades. La falta de especialistas en terapia del habla obligó a la familia a buscar soluciones fuera del país. “A veces viajábamos a Líbano para que recibiera entrenamiento”, recuerda su madre, quien junto al padre impulsó iniciativas para apoyar a otros niños con síndrome de Down.
Hoy, la rutina de Hala refleja constancia y compromiso. Trabaja en un establecimiento local donde cumple tareas específicas durante el día, y por la tarde regresa a casa para continuar con sus actividades. Su agenda, lejos de ser limitada, está llena de responsabilidades y pequeñas metas cumplidas.
En Siria, no existen cifras oficiales actualizadas sobre las personas con síndrome de Down, aunque estimaciones basadas en tasas globales sugieren que podrían ser decenas de miles. La falta de centros especializados y de apoyo institucional hace que la responsabilidad recaiga en gran medida en las familias, que deben asumir el proceso de desarrollo y formación de sus hijos.
Más allá de su historia personal, su familia insiste en un mensaje colectivo: el apoyo debe ser compartido. “Toda la familia tiene que unirse para ayudar”, subraya su madre, destacando la importancia de los primeros años de vida. “Los primeros siete años son decisivos. Si se trabaja bien en ese periodo, los resultados pueden ser sorprendentes”.
En un contexto donde aún persisten barreras sociales, Hala no solo cocina: construye, día a día, una historia que desafía límites y redefine expectativas.
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