Damasco, 21 feb (SANA) El disparo del cañón de Ramadán es una de las tradiciones más arraigadas del mes sagrado musulmán y, aunque los avances tecnológicos han reducido su función práctica, continúa siendo un emblema cultural que anuncia cada día la ruptura del ayuno y evoca la memoria colectiva de generaciones.
Asociado al ocaso y al llamado a la oración del magreb, el estruendo del cañón marca el fin de la jornada de ayuno y el inicio del iftar, en un ambiente de expectación y celebración compartida en numerosas ciudades del mundo islámico.

El origen de esta tradición se sitúa en la ciudad de El Cairo, en el siglo XV, durante el gobierno del sultán mameluco Al-Ashraf Sayf ad-Din Qaitbay. Según relatan fuentes históricas, el gobernante probaba un nuevo cañón al atardecer en uno de los días de Ramadán cuando la población interpretó el disparo como el anuncio oficial del fin del ayuno.
La reacción positiva de los habitantes llevó a institucionalizar la práctica, que posteriormente se consolidó tanto en la etapa mameluca como en el período otomano, hasta convertirse en un ritual habitual del mes sagrado.
Expansión en el mundo islámico
Desde Egipto, la tradición se extendió hacia el Levante mediterráneo y otras regiones del mundo islámico. Con el paso del tiempo, distintas ciudades adoptaron el disparo del cañón como señal oficial del iftar (ruptura del ayuno) y, en algunos casos, también del inicio de la jornada de ayuno antes del alba.
En Arabia Saudí, el cañón se dispara en lugares emblemáticos de ciudades como La Meca y Medina, donde residentes y peregrinos se congregan para presenciar el momento, especialmente durante los últimos días del mes.
Significado social y cultural
Más allá de su función práctica original, el cañón de Ramadán adquirió un profundo valor simbólico. Durante siglos, cuando no existían altavoces ni medios de comunicación masivos, su sonido servía como referencia clara y audible para toda la población.
Hoy representa un elemento de identidad cultural y un puente entre generaciones, al evocar recuerdos de infancia, reuniones familiares y la espera colectiva del llamado al iftar. En muchos barrios, el disparo sigue siendo un momento de encuentro, una señal que transforma el silencio expectante del atardecer en celebración compartida.
El cañón en la actualidad
El Monte Qasioun fue testigo recientemente de una gran concurrencia de habitantes de Damasco que celebraron el disparo del primer cañón tras una pausa de 14 años, en una escena cargada de emoción y simbolismo.

En la actualidad, aunque los horarios de oración se difunden con precisión a través de la radio, la televisión y aplicaciones digitales, el cañón continúa utilizándose en varias ciudades como acto ceremonial. En algunos lugares se emplean cargas de fogueo para mantener la tradición, mientras que en otros se recurre a grabaciones simbólicas.
En ambos casos, el estruendo conserva su carácter festivo y su capacidad de reunir a la comunidad en torno a uno de los momentos más significativos del mes de Ramadán. Heredada de la tradición otomana y adaptada a los tiempos modernos, esta antigua costumbre sigue marcando, cada atardecer, el esperado instante de la ruptura del ayuno.
Esraa Dubian/rsh
