Alepo, 31 dic (SANA) En los campamentos de desplazados improvisados que rodean la ciudad de Azaz, en el norte de la provincia siria de Alepo, miles de familias sirias continúan enfrentando una realidad humanitaria extremadamente difícil.
Con la llegada de cada invierno, el sufrimiento se intensifica y deja al descubierto la fragilidad de las condiciones de vida, especialmente en el campamento de Yazi Bagh, considerado uno de los más afectados de la zona.
Una realidad marcada por la escasez de servicios básicos
Según estadísticas locales, el campamento de Yazi Bagh alberga a más de 6.000 personas distribuidas en unas 900 tiendas de campaña, la mayoría de ellas familias desplazadas de distintas regiones del país a causa de la guerra.
Estas tiendas, deterioradas por el paso del tiempo y la falta de mantenimiento, no han sido reemplazadas desde hace casi siete años, lo que las vuelve inadecuadas para soportar tanto el frío intenso del invierno como las altas temperaturas del verano.
La carencia de servicios esenciales como agua potable suficiente, saneamiento adecuado y una infraestructura mínima agrava la vulnerabilidad de los residentes, que dependen casi por completo de ayudas externas.
El invierno como amenaza diaria: frío, lluvia y falta de ayuda
Durante la temporada invernal, la situación se torna aún más crítica. La ausencia de aislamiento y de sistemas de calefacción adecuados permite que el viento, la lluvia e incluso la nieve penetren fácilmente en las tiendas. Ante la escasez o inexistencia de asistencia humanitaria regular, muchas familias recurren a métodos rudimentarios para calentarse, como el uso de bolsas de plástico, cartón o pequeños trozos de madera, con los riesgos que ello implica.
A esto se suma la falta de electricidad y el alto costo de los servicios disponibles, que superan con creces la capacidad económica de los residentes, en un contexto marcado por la ausencia de oportunidades laborales y la inestabilidad económica.
Las lluvias intensas y las inundaciones periódicas convierten el terreno en barro, inundan las tiendas y obligan a los habitantes a reconstruir una y otra vez sus precarios refugios.
Carencias sanitarias y educativas que profundizan el sufrimiento
La crisis no se limita a la vivienda y la calefacción. Los residentes de Yazi Bagh también enfrentan una grave falta de servicios médicos y educativos. El centro de salud más cercano se encuentra a varios kilómetros de distancia, lo que dificulta el acceso a la atención médica, especialmente para niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas. En situaciones de emergencia, esta distancia puede convertirse en un factor de riesgo vital.
En el ámbito educativo, la ausencia de escuelas dentro del campamento obliga a los niños a desplazarse largas distancias para continuar sus estudios, muchas veces sin transporte ni apoyo, lo que incrementa las tasas de abandono escolar. Paralelamente, las duras condiciones de vida favorecen la propagación de enfermedades cutáneas y parasitarias, aumentando la carga física y psicológica sobre las familias.
En conjunto, estas dificultades hacen que el invierno en Yazi Bagh no sea solo una estación del año, sino un período de constante amenaza. Para sus habitantes, cada día representa una lucha por la supervivencia y la dignidad.
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