Londres, 8 may (SANA) Los precios mundiales de los alimentos registraron en abril pasado su nivel más alto en más de tres años, impulsados principalmente por el aumento de los aceites vegetales debido al encarecimiento de la energía y las tensiones geopolíticas relacionadas con la guerra en Irán y sus repercusiones sobre los mercados energéticos.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) informó en su reporte mensual que el índice de precios de los alimentos subió 1,6 por ciento respecto al mes anterior y se ubicó en 130,7 puntos, el nivel más elevado desde febrero de 2023.
Según el informe, los aceites vegetales registraron el mayor incremento, con un alza de 5,9 por ciento, impulsada por el aumento de los precios de los aceites de soja, girasol, colza y palma, además del respaldo de políticas vinculadas a los biocombustibles.
La FAO precisó que los precios de los cereales aumentaron apenas 0,8 por ciento en abril y 0,4 por ciento en comparación anual, debido a preocupaciones climáticas, mayores costos de fertilizantes y un incremento de la demanda para la producción de biocombustibles.
En contraste, los precios de la carne crecieron 1,2 por ciento y alcanzaron niveles récord debido a la limitada disponibilidad de ganado listo para sacrificio, mientras que el azúcar descendió 4,7 por ciento ante expectativas de abundantes suministros procedentes de Brasil, China y Tailandia.
La organización también advirtió sobre una posible reducción de las áreas cultivadas de trigo en 2026, debido a la tendencia de los agricultores a optar por cultivos menos dependientes de fertilizantes ante el aumento de los costos de producción agrícola.
En otro informe, la FAO elevó ligeramente sus previsiones para la producción mundial de cereales en 2025 hasta un récord de tres mil 40 millones de toneladas, casi seis por ciento más respecto al año anterior.
La entidad había alertado en abril pasado que la continuidad de la crisis en la zona del estrecho de Ormuz, derivada del conflicto en Oriente Medio, podría desencadenar una crisis global que afectaría los sectores alimentario y agrícola por interrupciones en el suministro de energía y fertilizantes.
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