Damasco, 25 ago (SANA) El monumento de la Plaza de los Omeyas se alza en el corazón de Damasco como uno de los hitos arquitectónicos más reconocibles de la capital siria y una presencia constante en su memoria visual. Vinculado durante décadas a la Feria Internacional de Damasco, su imagen terminó incorporándose al paisaje cotidiano de la ciudad hasta popularizarse con un nombre que originalmente no le pertenecía: «Espada de Damasco».
Su historia reúne distintas dimensiones arquitectónicas y artísticas, desde la función para la que fue construido durante los años de la unión sirio-egipcia hasta la intervención realizada a finales del siglo XX, cuando las vidrieras añadieron nuevos elementos inspirados en la identidad cultural damascena.
De la «Columna de la Exposición» a la «Espada de Damasco»
El jefe del Departamento de Historia de la Universidad de Damasco, Ammar Muhammad al-Nahar, explicó a SANA que denominar «Espada de Damasco» al monumento constituye una asociación popular posterior y no refleja el propósito para el que fue levantado.
Según Al-Nahar, la estructura fue construida entre 1958 y 1960, coincidiendo con la expansión de la Feria Internacional de Damasco, y estaba destinada principalmente a servir de soporte para las banderas de los países participantes en sus sucesivas ediciones.
El académico señaló que durante el período de la unión sirio-egipcia circularon varias denominaciones locales para referirse al monumento, aunque su función permaneció estrechamente ligada a la feria. Esa relación explica también su presencia reiterada en carteles, sellos y publicaciones del evento, que con el paso del tiempo pasaron a formar parte del patrimonio visual y arquitectónico de la ciudad.
En ese sentido, Al-Nahar subrayó que la estructura no fue concebida como una reproducción literal de una espada damascena histórica, pese a la identificación que posteriormente se consolidó entre los habitantes de la capital.
Un monumento surgido en la etapa de la unidad
Por su parte, el investigador e historiador Sami Mbayed indicó a SANA que el monumento fue erigido por orden del entonces presidente egipcio Gamal Abdel Nasser.
De acuerdo con Mbayed, los primeros proyectos fueron preparados por ingenieros alemanes y suecos, pero se descartaron al considerarse alejados del carácter arquitectónico de Damasco. Posteriormente se adoptó un diseño inspirado en la forma de la espada damascena, aunque sin pretender reproducirla con exactitud.
El historiador agregó que la estructura es conocida también como «Columna de la Unidad» y «Columna de la Exposición» y la vinculó con la séptima edición de la Feria Internacional de Damasco, celebrada en 1958.
Aquella edición, recordó, incorporó fuegos artificiales con motivo de la unión entre Siria y Egipto, recibió aproximadamente 1,5 millones de visitantes y se prolongó de manera excepcional durante 35 días.
Las vidrieras de 1998 renuevan su identidad visual
Décadas después, el monumento experimentó una transformación que reforzó su presencia en el imaginario urbano de Damasco.
El artista visual Ihsan Antabi, responsable del diseño de sus vidrieras, explicó a SANA que la intervención, concluida en 1998, fue resultado de un concurso convocado por el Ministerio de Cultura para modernizar la estructura y en el que su propuesta obtuvo el primer lugar.
Antabi precisó que su participación se limitó al diseño y ejecución de las vidrieras, mientras que la estructura original correspondía a una empresa de ingeniería egipcia y había sido proyectada durante la etapa de la unión sirio-egipcia y ejecutada por contratistas sirios a comienzos de la década de 1960.
La propuesta artística combinó de forma abstracta la rosa de Damasco con el rojo. Según Antabi, ese color remite tanto a la belleza de la flor como al sacrificio y la resiliencia, una composición que terminó otorgando al monumento una nueva identidad visual y reforzando entre los damascenos la denominación de «Espada de Damasco».
El artista señaló asimismo que las vidrieras constituyeron el elemento central de su intervención, concebida a partir del antiguo patrimonio sirio relacionado con la fabricación de vidrio de colores. Según su explicación, el objetivo era enlazar esa tradición con una expresión artística contemporánea.
Con el paso de los años, el monumento de la Plaza de los Omeyas trascendió así su función vinculada a la Feria Internacional de Damasco. Hoy forma parte del paisaje urbano de la capital, atrae a visitantes interesados en fotografiar uno de sus hitos más reconocibles y permanece integrado en la identidad visual y cultural de Damasco.
rsh