Damasco 1 mar (SANA) Los sirios que retornaron a Damasco vuelven a vivir plenamente las tradiciones del Ramadán que añoraron durante sus años de exilio.
El sonido de la llamada a la oración, las reuniones familiares en torno a la mesa del iftar, los faroles, las decoraciones y los dulces típicos han devuelto a la capital la atmósfera espiritual y social propia del mes sagrado, reflejando el profundo apego de sus ciudadanos a las costumbres que forman parte esencial de su identidad.
En declaraciones a SANA, varios retornados tras largos periodos en el extranjero afirmaron que celebrar el Ramadán en Damasco este año les permitió recuperar el sentido de pertenencia y la calidez del entorno familiar.
Coincidieron en que esta experiencia les brindó la oportunidad de reencontrarse con los rituales auténticos del mes sagrado, vividos ahora de manera directa y no a la distancia.
Recuerdos del mes sagrado
Ruba Othman, quien celebra su primer Ramadán en Siria después de 12 años de residencia en Türkiye, describió su regreso como “un momento largamente esperado”. Señaló que compartir la mesa del iftar con su familia e hijos le proporciona una felicidad profunda, imposible de reemplazar con videollamadas o fotografías.
Destacó que sus hijos disfrutan especialmente del ambiente social y familiar, al tiempo que aprenden de primera mano las costumbres y tradiciones del Ramadán en Siria, valores que ella siempre procuró transmitirles pese a la distancia.

Othman explicó que, durante su estancia en el extranjero, apreciaba escuchar la llamada a la oración (Adhan) desde los minaretes de las mezquitas, sin embargo, subrayó que oírla a través de aplicaciones móviles no podía sustituir la emoción asociada al Suhur (la comida antes del amanecer), a las reuniones familiares y al aroma característico de los platos y dulces que impregnan la ciudad durante este mes.
Mencionó en particular el “Naem” y el “Pan Marouk para el ayuno”, especialidades con un sabor singular que, según afirmó, nunca logró encontrar fuera de Siria.
Rituales del Ramadán
Por su parte, Ali Khadra, de 27 años y recién retornado de Egipto, relató su experiencia: “Viví 13 años en el exilio. Pasé allí varios Ramadán, y fueron etapas especialmente difíciles. Dejé mi país con 14 años; crecí lejos de mi familia y de mi tierra natal, y muchas veces viví el Ramadán en soledad”.
Añadió que lo que más extrañaba era escuchar los cantos tradicionales del Musaharati —el hombre que recorre las calles antes del amanecer tocando su tambor y entonando invocaciones religiosas para despertar a las familias para el suhur, en preparación para el ayuno del día siguiente—. Recordó que en numerosas ocasiones ayunaba sin haber podido realizar esa comida previa.
Asimismo, destacó que rezar el Tarawih en la mezquita constituye para él una experiencia espiritual única, una vivencia que no pudo experimentar en su país de acogida.
Costumbres durante el Ramadán
Layla Qassar, quien regresó a Siria tras nueve años en Alemania, resaltó la tradición de Al-Sakba, una práctica que encarna el espíritu de solidaridad y cooperación social. Esta costumbre consiste en intercambiar platos de comida entre vecinos y familiares antes de la oración del Maghrib (oración del atardecer), reflejando la profundidad de los lazos comunitarios transmitidos de generación en generación.
Qassar subrayó además la relevancia de las interacciones sociales durante el mes sagrado, señalando que es habitual que los vecinos se sienten frente a sus casas para conversar y compartir el ambiente nocturno, lo que otorga al Ramadán un carácter distintivo.
A su juicio, estas prácticas fortalecen la cohesión social y reavivan los valores de comunicación, solidaridad y compasión que el mes sagrado promueve, principios que fueron precisamente los que más echó de menos durante su estancia en el extranjero.
Este año, el bendito mes de Ramadán adquirió un significado particularmente especial para los sirios que retornaron a su patria. Más allá del ayuno y la oración, simbolizó el inicio de una nueva etapa marcada por la estabilidad y la calidez familiar, así como por el renacer de tradiciones que permanecieron vivas en la memoria y que hoy vuelven a manifestarse con fuerza en las calles y hogares de Damasco.
sm