Damasco, 18 may (SANA) Entre las montañas y llanuras donde históricamente se asentaron las comunidades kurdas, las melodías del tanbur y las voces de los dengbej —los narradores y cantantes tradicionales— continúan transmitiendo epopeyas de amor, pérdida y heroísmo, en una expresión artística que hoy combina herencia ancestral y modernidad.
Más que un género musical, la música kurda representa una identidad cultural profundamente ligada a la memoria colectiva y a la historia de un pueblo repartido entre varios países de Oriente Medio. A pesar de la diversidad geográfica y política de las comunidades kurdas, esta tradición ha preservado una personalidad artística singular, enriquecida por siglos de interacción con las músicas árabe, turca, persa y armenia.
De las epopeyas orales al patrimonio regional
Especialistas consideran que la música kurda constituye una de las tradiciones musicales más antiguas de la región. Sus raíces se extienden desde las epopeyas orales hasta complejas estructuras melódicas vinculadas a los maqams orientales.
Entre las figuras históricas asociadas a este legado destaca Ziryab, identificado por algunos investigadores como de origen kurdo y reconocido por introducir innovaciones musicales en Al-Ándalus durante la era islámica, entre ellas la incorporación de una quinta cuerda al laúd.
La tradición oral desempeñó un papel esencial en la preservación de este patrimonio, especialmente a través de los dengbej, guardianes de relatos épicos, canciones románticas y narraciones populares transmitidas de generación en generación.
El interés académico por documentar este legado comenzó a principios del siglo XX, particularmente en Armenia y la región del Cáucaso, donde investigadores recopilaron canciones y registros sonoros para evitar la desaparición de numerosas expresiones folclóricas.
La música kurda incluye diversos estilos, desde composiciones épicas conocidas como “Laoks”, que narran hazañas heroicas, hasta los “Hirans”, centrados en historias de amor, separación y nostalgia. Muchas de estas piezas están vinculadas a acontecimientos sociales, rituales y escenas de la vida cotidiana.
Una tradición que dialoga con la modernidad
En Siria, varios artistas kurdos dejaron una profunda huella en la escena musical regional pese a décadas de limitaciones culturales y ausencia de enseñanza musical formal. Entre ellos figuran Aram Tigran, Siwan Hako y Muhammad Sheikho, considerado uno de los renovadores de la canción kurda contemporánea.
Sheikho, fallecido en 1989, desarrolló una propuesta musical influida por las escenas artísticas de Beirut y Bagdad, integrando elementos de la música árabe en la estructura melódica kurda y ampliando así su proyección regional.
El intérprete y músico kurdo Alan Murad explicó en declaraciones a SANA que la música kurda comparte varios maqams con la tradición árabe, como Bayati, Hijaz y Saba, aunque difiere en el estilo interpretativo y el tratamiento melódico.
Según Murad, el canto kurdo se caracteriza por una ejecución vocal directa y expresiva, mientras que la escuela árabe tiende a construcciones más ornamentadas, como las presentes en las obras de Umm Kulthum y Asmahan.
El músico destacó además la importancia de instrumentos tradicionales como el saz, el tanbur y el tuna, junto con otros como el santur y el duduk, todos profundamente arraigados en las culturas de Oriente Medio.
En medio de las transformaciones culturales y la expansión de estilos globales, la música kurda contemporánea continúa buscando un equilibrio entre innovación y autenticidad.
Para muchos artistas e investigadores, su permanencia depende precisamente de mantener vivo el vínculo con las raíces populares y la memoria colectiva, en una tradición que sigue reinventándose sin perder su esencia.
fm/as