Damasco, 7 oct (SANA) La novela Ellos oyen su siseo (Yasma‘una Hasisaha), del escritor jordano Ayman Al-Atoum, reconstruye a través de la ficción documental los 17 años de cautiverio de un médico sirio en las cárceles del depuesto régimen y convierte su experiencia en un testimonio literario contra el olvido.
«La noche y el día se mezclaban; tal vez se superponían, o uno se adelantaba al otro… ¿Qué significan la noche y el día para un prisionero cuyas propias células han sido tomadas como rehenes por la tiranía?», se pregunta el narrador al inicio de la obra.
La novela aborda uno de los aspectos más extremos del confinamiento: la transformación de la prisión de un espacio físico cerrado en un mecanismo destinado a quebrar la percepción del tiempo y erosionar la identidad del individuo.
Diecisiete años tras las alambradas
La obra se inspira en la experiencia del médico sirio Iyad Asaad, quien permaneció detenido durante 17 años, entre 1980 y 1997, en el centro de detención Al-Khatib, en Damasco, y en la prisión militar de Palmira, en pleno desierto.
A través de una narración minuciosa, Al-Atoum reconstruye la detención, los interrogatorios y las condiciones de supervivencia de los presos.
La historia comienza con el intento del protagonista de escapar de un cerco de seguridad. Durante la huida recibe un disparo en la cara interna del muslo izquierdo. La bala queda alojada en su cuerpo y se convierte en una marca física de los años de cautiverio.
Tras perder el conocimiento, despierta en una sala de interrogatorios oscura, desnudo y con la herida vendada de forma apresurada. Allí se enfrenta a un sistema de violencia que convierte incluso los sonidos involuntarios del dolor en motivo de castigo.
Cuando el preso deja de tener nombre
La narración describe después las condiciones de vida en los dormitorios de detención, marcadas por el hacinamiento, la falta de aire y los registros humillantes.
Los detenidos son despojados progresivamente de su identidad y reducidos a números, mientras que durante los pases de lista son tratados como animales. La falta de oxígeno convierte incluso el acto de respirar en una experiencia angustiosa.
Frente a este sistema, los presos desarrollan mecanismos colectivos de supervivencia. Se organizan, cooperan durante las inspecciones y se ayudan para evitar o reducir los castigos.
La solidaridad entre los detenidos se convierte así en una forma de resistencia frente al intento de deshumanización. El cuerpo colectivo recupera por momentos aquello que el sistema penitenciario pretende arrebatar al individuo: movimiento, identidad y capacidad de actuar.
La libertad adquiere otro significado
Uno de los ejes de la novela es el contraste entre la vida antes y después del encarcelamiento.
Acciones cotidianas como dormir en una habitación iluminada, caminar al aire libre o contemplar el sol adquieren, después de años de aislamiento, un significado completamente diferente.
La libertad deja de ser una idea abstracta y se convierte en la posibilidad de recuperar aquello que parecía insignificante: respirar sin miedo, contemplar el cielo, sentir el paso del tiempo o caminar bajo el sol.
El regreso al exterior supone también enfrentarse a una vida que continuó mientras la del preso permanecía detenida. La experiencia del cautiverio modifica su percepción de la realidad y deja secuelas que persisten después de recuperar la libertad.
Una obra analizada como testimonio documental
La novela ha sido objeto de análisis dentro de la literatura carcelaria. En un estudio publicado por la Asociación de Escritores del Levante (Rabitat Udaba’ al-Sham), la doctora Najwa Al-Safi calificó la obra de «elegía magistral a la humanidad y un lamento fúnebre por la conciencia», al destacar la representación de la tortura y el terror sistemáticos.
En otro estudio publicado este año en la Revista de la Universidad Al-Baath, en Homs, el doctor Khaled Ali analizó los patrones estructurales de la obra y sostuvo que el relato supera la documentación del sufrimiento individual para plantear un conflicto entre el intento de las autoridades de someter al individuo y la voluntad de supervivencia de las víctimas.
El crítico Ahmed Al-Arabi destacó, por su parte, el valor de la novela como testimonio histórico y humano de carácter documental sobre una época marcada por la supresión de derechos.
Literatura contra el olvido
Yasma‘una Hasisaha recupera así la experiencia de Iyad Asaad y la convierte en materia literaria para preservar la memoria de miles de detenidos.
La obra muestra las consecuencias psicológicas y sociales del encarcelamiento prolongado y cómo sus efectos pueden continuar incluso después de la liberación y el regreso a la vida exterior.
Publicada en octubre de 2012 por el Instituto Árabe de Investigación y Publicación de Beirut, la novela tiene 365 páginas distribuidas en 60 capítulos.
Ayman Al-Atoum nació en 1972 en Souf, en la gobernación jordana de Jerash. Es licenciado en Ingeniería Civil y Lengua Árabe y ha escrito varias novelas relacionadas con la libertad y el encarcelamiento, entre ellas Ya Sahibi al-Sijn (Oh, compañero de prisión), Hadith al-Junoud (Conversación de soldados) e Ismuhu Ahmad (Su nombre es Ahmad).
rsh
