Damasco, 15 abr (SANA) En una colina elevada al oeste de la ciudad de Zabadani, a unos dos kilómetros de distancia, se alza la fortaleza de Koko, un enclave arqueológico que refleja sucesivas transformaciones históricas y ofrece una lectura compleja basada en evidencias materiales y análisis científico.
El origen del nombre podría remontarse al término griego Kokkos, que significa “grano” o “semilla”, en probable alusión al entorno agrícola en el que surgió el sitio.
El jefe del Departamento de Historia de la Universidad de Damasco, Ammar Mohamed al-Nahar, explicó a SANA que los restos arquitectónicos indican que el lugar no fue concebido inicialmente como una fortificación militar, sino como un centro religioso local que se remonta a los periodos helenístico o romano.
Las columnas de piedra, las bases estructurales y varias inscripciones en griego sugieren la existencia de un templo o espacio de culto vinculado al entorno rural. La presencia de prensas excavadas en la roca para aceite y vino refuerza la relación del sitio con la economía agrícola de la época.
El especialista advirtió que estas conclusiones se mantienen como hipótesis, ante la ausencia de textos que identifiquen de forma concluyente la divinidad o la naturaleza exacta del culto.
Con el paso del tiempo, el lugar habría experimentado un cambio funcional. Durante el periodo bizantino, fue reutilizado como punto defensivo o de vigilancia, aprovechando su posición estratégica sobre rutas clave, en una práctica extendida en la región.
El sitio también presenta una dimensión funeraria, evidenciada por cuevas excavadas en la roca que albergan tumbas, lo que apunta a una ocupación humana continuada y a un uso múltiple que combina funciones religiosas, económicas, funerarias y militares.
En cuanto a las inscripciones griegas, Al-Nahar subrayó que constituyen una fuente valiosa, aunque requieren un análisis epigráfico riguroso, ya que algunas interpretaciones difundidas carecen de base científica y confunden nombres propios con lecturas de carácter mitológico.
El experto añadió que el antiguo nombre de Zabadani, documentado como Zabadon o Zabadoni, refleja una interacción lingüística y cultural, probablemente de origen semítico —arameo— posteriormente adaptado al griego, lo que ilustra el carácter histórico de la región como punto de convergencia de civilizaciones.
En las últimas décadas, el enclave ha sufrido daños a causa de la guerra con la pérdida de parte de sus estructuras. Pese a ello, los vestigios conservados permiten reconstruir, al menos parcialmente, su evolución desde un posible santuario hasta un emplazamiento defensivo, hoy convertido en un testimonio arqueológico que requiere mayor investigación.
La fortaleza de Koko se erige así como un ejemplo representativo de las transformaciones del territorio sirio a lo largo del tiempo, donde distintas etapas históricas se superponen y adquieren nuevos significados.
okz/fm