Damasco, 28 mar (SANA) La milenaria ciudad de Damasco se convirtió en el pasado en el punto de partida de un ritual milenario que mezcla religiosidad y cultura: la partida del Mahmal sirio rumbo a La Meca, un símbolo del sultanato y la fe islámica que durante siglos unió a las comunidades del Levante y la península arábiga.
El Mahmal sirio era una elaborada litera de madera cubierta con lujosas telas bordadas con versículos coránicos. Durante las épocas mameluca y otomana, se transportaba anualmente desde Damasco en una gran procesión, simbolizando la soberanía del estado y su protección de las Dos Mezquitas Sagradas.

Esta tradición se mantuvo hasta la Primera Guerra Mundial.
Partida solemne desde la Saraya (sede del poder provincial)
En la mañana del primero de Shawwal, los alrededores de la Saraya, sede del gobierno y ciudadela del gobernador, se llenaban de aromas de inciensos y sonidos que evocaban siglos de tradición. El disparo de cañones desde la ciudadela anunció la salida de la caravana que transportaba la cubierta de la Kaaba y los regalos del sultán.
El Mahmal, una litera ceremonial transportada en camello, no era solo un objeto, sino un emblema de la autoridad del sultán sobre las Dos Mezquitas Sagradas. Su tradición comenzó durante el reinado del sultán mameluco al-Zahir Baybars (1260-1277 d. C.) y continuó bajo el dominio otomano, enviando caravanas tanto desde Damasco como desde El Cairo, en un gesto de unidad de los reinos islámicos bajo el Califato.
El gobernador Muhammad Asad Pasha al-Azm supervisaba personalmente la preparación de la caravana, demostrando la importancia del Estado en garantizar la seguridad de los peregrinos.
La ciudad se despide con fervor
Con el inicio del viaje, la Ciudad Vieja de Damasco se convirtió en un espectáculo de devoción y emociones. Miles de personas se agolparon en las callejuelas y mercados para despedir a la caravana. Los gritos de “Allahu Akbar” resonaban mientras familias y peregrinos levantaban manos y ojos en plegaria.
A la cabeza de la procesión marchaba el Emir de al-Hajj, encargado de guiar la caravana. Le seguían portaestandartes, soldados a caballo y en camello, músicos y finalmente, el camello que transportaba el Mahmal, cubierto con terciopelo verde bordado en oro y plata. Una de estas cubiertas, datada en 1656-1657 d. C., se conserva actualmente en la Colección Khalili de Londres.

Tras el Mahmal marchaban eruditos religiosos y los peregrinos, mientras tribus beduinas custodiaban la ruta contra peligros y bandidos, recordando la complejidad logística de este viaje espiritual.
Camino hacia La Meca
La caravana avanzaba hacia el sur, atravesando Kisweh, Khan Danoun, Sanamayn, Sheikh Miskin y Muzayrib, hasta llegar a Deraa, el último bastión en el Levante. Cada parada se convertía en un ritual de oración y reflexión, donde los peregrinos ofrecían sus plegarias y los himnos se elevaban al cielo.
Algunas fotografías de entre 1860 y 1900 documentan la grandeza de estas procesiones, mostrando la litera sobre el camello, rodeada de soldados y dignatarios, una tradición que en 1912 d. C. realizó su último viaje antes de los cambios políticos del siglo XX.
Memoria y simbolismo
Aunque las caravanas históricas desaparecieron, el Mahmal sirio permanece en la memoria colectiva como un símbolo de Damasco vibrante y festiva, donde religión, política y cultura se entrelazaban. La partida de la caravana se convertía en una celebración, y los peregrinos, en parte de una gran ceremonia que unía tierra y cielo, historia y devoción.
Por Esraa Dubian/ rsh/fm
