Damasco, 10 mar (SANA) A unos 25 kilómetros al sureste de la capital siria, en los límites de Ghouta Oriental y en la región agrícola de Marj, se encuentra Harran al-Awamid, una pequeña localidad que conserva vestigios de una larga historia que se remonta a la antigüedad.
El poblado constituye un punto de conexión natural entre varias aldeas de la zona. Limita al este con los valles de Al-Rabi’ y Al-Utaybah; al oeste con Al-Ghasulah y Al-Ahmadiyah; al norte con Al-Qaysah; y al sur con Al-Kafrin y Al-Barakah.
La localidad se eleva a unos 600 metros sobre el nivel del mar, en medio de una extensa llanura agrícola caracterizada por escasa vegetación arbórea y pequeñas colinas dispersas. Esta ubicación le confiere un carácter estratégico y un paisaje natural que conserva el encanto de épocas pasadas.
Origen del nombre
El nombre Harran al-Awamid, que significa “Harran de las Columnas”, tiene dos posibles orígenes. El primero hace referencia a las grandes columnas antiguas que aún se conservan en el centro del sitio arqueológico. El segundo se relaciona con el jeque sufí Hayat ibn Qays al-Harrani, quien residió en la zona y cuyo nombre quedó vinculado al lugar.

La localidad fue mencionada por el historiador y geógrafo medieval Yaqut al-Hamawi. Siglos más tarde, el investigador británico J. Porter también documentó el sitio durante su estancia en Siria entre 1849 y 1854, cuando describió su templo en su obra Cinco años en Damasco.
Un floreciente centro en épocas romana y bizantina
Los numerosos restos arqueológicos dispersos en la zona indican que Harran al-Awamid fue un asentamiento próspero durante la antigüedad, especialmente en los periodos romano y bizantino.
Entre los monumentos más destacados se encuentra un templo romano que data de mediados del siglo III d. C. Según especialistas, pudo haber sido construido durante el reinado del emperador Filipo el Árabe (244-249 d. C.), hipótesis basada en el estilo de los capiteles, las bases y los dinteles de piedra tallada que formaban parte de la estructura original.

Actualmente se conservan tres imponentes columnas, restos del patio de entrada del templo. Talladas en basalto negro, alcanzan una altura aproximada de 3,6 metros, incluyendo el capitel. Cada columna está compuesta por seis o siete segmentos de piedra entrelazados.
Algunas conservan capiteles jónicos, mientras que el capitel de una tercera columna se ha derrumbado con el paso del tiempo, lo que dificulta determinar con precisión la forma original del edificio.
En uno de los fragmentos de columna se halló una inscripción griega que posteriormente fue reutilizada en el muro de la mezquita del pueblo. Sin embargo, el texto se encuentra parcialmente borrado y no ha podido ser descifrado.
Patrimonio arqueológico y continuidad histórica
Las excavaciones arqueológicas también han revelado varias estatuas de piedra basáltica, entre ellas representaciones de la diosa de la Victoria, del dios Dushara con una antorcha y un bastón, de un águila con las alas extendidas y de la diosa Minerva.

Asimismo, se descubrió una lápida de basalto con una inscripción griega fechada en el año 214 d. C., que documenta el asesinato de un joven llamado Gusmayo, hijo de Macipelo.
La historia de Harran al-Awamid no terminó con el periodo romano. Durante la época bizantina se construyó un monasterio o iglesia cerca del templo, utilizando algunos elementos arquitectónicos del edificio antiguo. Con la llegada del periodo islámico, el lugar fue transformado en mezquita.
Hoy en día, numerosas piedras talladas procedentes de estructuras antiguas decoran los muros de la mezquita y algunas viviendas del casco antiguo, lo que refleja la continuidad histórica entre las distintas civilizaciones que pasaron por el lugar.
Harran al-Awamid fue inscrita en 1982 en la lista de sitios arqueológicos nacionales de Siria. En la actualidad, el lugar conserva la apariencia de un tranquilo pueblo rural.
Las tres grandes columnas que permanecen en pie constituyen el principal recordatorio visible de su pasado. Desde la distancia, estas estructuras de basalto parecen custodiar silenciosamente la memoria de una ciudad que floreció en las épocas romana y bizantina y que hoy continúa contando su historia entre las ruinas.
Por Esraa Dubian/rsh/fm