Damasco, 5 ene (SANA) El Shanklish y el Surki se encuentran entre los productos lácteos más antiguos de la cocina siria. Desarrollados a lo largo de siglos para conservar los alimentos y mejorar su valor nutricional, estos dos productos se han convertido en parte integral de la cultura culinaria.
Según los expertos, los productos lácteos fermentados se generalizaron en la región del Levante desde tiempos remotos debido a las condiciones climáticas y los ciclos de producción estacionales. La necesidad de conservar la leche durante largos periodos allanó el camino para el desarrollo de variedades de yogur, cuajada y queso seco.
Hoy en día, el Shanklish y el Surki se consideran no solo productos alimenticios, sino también indicadores culturales que reflejan las prácticas de vida rurales y urbanas de la sociedad siria.
Shanklish: Una tradición madurada con especias
El Shanklish se produce en diferentes regiones de Siria, pero se consume especialmente en las zonas rurales de Damasco, las zonas costeras y las regiones montañosas. El proceso básico de producción comienza con el colado del yogur para cuajarlo y su posterior formación de pequeñas bolas. Estas bolas se secan y fermentan de forma natural.
Tras la fermentación, el Shanklish suele recubrirse con tomillo o hojuelas de chile. Estas especias no solo aportan aroma, sino que también protegen la superficie del producto, contribuyendo a la maduración. Investigaciones alimentarias demuestran que este método crea un sabor intenso a la vez que mantiene el equilibrio microbiano.

En cuanto a los hábitos de consumo, el Shanklish se conoce como un aperitivo que se sirve con aceite de oliva, cebolla y tomate. Su lugar como desayuno ligero en la cocina urbana lo convierte en un elemento indispensable de las comidas sociales.
Surki: Más fuerte, más local
El Surki, aunque se basa en la misma tradición que el Shanklish, tiene un carácter diferente en cuanto a su producción y métodos de consumo. Conocido especialmente en las regiones costeras y rurales de Siria, el Surki se elabora con yogur descremado y se fermenta durante un período más largo.
En su elaboración se utilizan especias fuertes como hojuelas de chile, ajo y comino. Estos componentes le confieren al Surki un aroma intenso y un color distintivo. Los expertos señalan que este aspecto sitúa al Surki en la categoría de alimento funcional y es el preferido en la vida rural, que requiere trabajo físico intenso.
El Surkî se consume generalmente en pequeñas cantidades y se considera un alimento saciante debido a su alta densidad nutricional. Estas características lo convierten en parte de la cultura alimentaria rural, en lugar de la cocina urbana.
Un legado compartido en la cocina del Levante
El Shanklish y el Surkî no se limitan a Siria, sino que se producen de forma similar en diferentes regiones del Levante. En el norte del Líbano, el Shanklish se prepara con métodos similares y es uno de los elementos básicos de la cultura del meze.

En Palestina y Jordania, sin embargo, estos productos se conocen de forma más limitada. La mayoría de los productos lácteos fermentados caseros se limitan al consumo familiar, en lugar de a la producción comercial. Esto demuestra que estos productos se mantienen vivos gracias a la transmisión cultural.
Los antropólogos especializados en alimentación enfatizan que esta similitud en la cocina del Levante es resultado del comercio, la migración y las relaciones vecinales que se han mantenido a lo largo de la historia. Las mismas técnicas de producción, combinadas con diferentes sabores, crean diversidad regional.
Shanklish y Surki en la actualidad
Las condiciones de vida modernas y el aumento del consumo de alimentos preparados han reducido parcialmente el papel de los productos fermentados tradicionales en la cocina diaria. A pesar de ello, el Shanklish y el Surki siguen presentes en los mercados locales y entre los productos caseros.
Los expertos enfatizan que preservar estos productos no es solo una responsabilidad económica, sino también cultural, y señalan que los productos lácteos fermentados deben considerarse patrimonio cultural inmaterial.
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