Damasco, 17 dic (SANA) La ciudad de Alepo en el norte de Siria reafirma su lugar como uno de los pilares de la identidad cultural siria y árabe a través de su rico legado musical, representado especialmente por los qudud y los muashahat, expresiones artísticas que durante siglos han definido el gusto musical oriental y convertido a esta urbe en una referencia imprescindible del tarab árabe.
En el marco de la campaña “Alepo, la Reina de Todo”, autoridades e instituciones culturales intensifican iniciativas destinadas a preservar este patrimonio inmaterial y transmitirlo a las nuevas generaciones mediante festivales, encuentros académicos y actividades especializadas.
Muashahat de Alepo: herencia andalusí con sello local
El muashahat ocupa un lugar central en la tradición musical alepina. Esta forma artística, de raíces andalusíes, alcanzó su mayor esplendor a finales del siglo XIX, cuando músicos de Alepo la adaptaron y perfeccionaron, dotándola de una identidad propia caracterizada por la diversidad rítmica y la riqueza de maqams orientales. El resultado fue una escuela musical que logró conjugar autenticidad y renovación sin perder su esencia histórica.

Qudud de Alepo: melodías populares con múltiples relatos
Junto al muashahat, los qudud constituyen el segundo gran pilar de la música de Alepo. Se trata de composiciones basadas en melodías tradicionales conocidas, a las que se incorporan nuevas letras, lo que permite reinterpretar emociones, vivencias y relatos humanos. Este estilo, profundamente arraigado en la memoria colectiva, evolucionó desde cantos religiosos y populares hasta convertirse en una expresión artística ampliamente difundida.
Los especialistas distinguen varios tipos de qudud, entre ellos el folclórico, transmitido oralmente a lo largo de generaciones, y el qud muashshah, inspirado en la estructura del muashahat, con influencias de cantos religiosos, canciones populares e incluso melodías extranjeras, especialmente turcas y persas.
El tarab de Alepo, una escuela musical singular
El tarab alepino se distingue por su equilibrio entre espiritualidad y virtuosismo artístico. Sustentado en maqams orientales como Rast, Bayat y Saba, y en ritmos precisos, este estilo dio lugar a una escuela musical propia que influyó de manera decisiva en el desarrollo de la música árabe contemporánea.

Investigadores como Muhammad Qadri Dalal han señalado que algunas composiciones modernas de qudud presentan estructuras melódicas complejas, que exigen intérpretes de gran dominio vocal. A su vez, estudios académicos destacan que el origen de este género se remonta a los círculos de dhikr y cantos religiosos, posteriormente adaptados a temáticas profanas sin alterar la melodía original.
Voces que marcaron época
Alepo fue cuna de figuras emblemáticas de la música árabe, como el jeque Omar al-Batsh, uno de los más destacados compositores de muashahat, y de cantantes que llevaron este legado a escenarios internacionales, entre ellos Sabah Fakhri, Sabri Mudallal y Shadi Jamil y Sabah Fakhri, en particular, es reconocido por haber revitalizado los qudud y los muashahat, preservando su autenticidad y acercándolos a nuevas generaciones.
Entre las piezas más conocidas del repertorio alepino figuran “Ya Mal al-Sham”, “Qaduk al-Mayyas” y “Taht Hawdajha”, consideradas símbolos de esta tradición musical.
Reconocimiento de la Unesco
En diciembre de 2021, la Unesco inscribió los Qudud de Alepo en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, durante la decimosexta sesión de su comité intergubernamental. La decisión fue valorada como un reconocimiento internacional a la identidad cultural siria y un impulso a la investigación y preservación de esta forma de arte.
Especialistas y académicos coincidieron entonces en que esta inscripción refuerza la responsabilidad de instituciones culturales y de la sociedad en general de salvaguardar este patrimonio mediante programas educativos, festivales y actividades culturales.
Con estas iniciativas, Alepo reafirma su condición de capital histórica de la música árabe y de guardiana de una memoria sonora que continúa viva, como expresión profunda de identidad, cultura y resistencia cultural.
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