Jerusalén ocupada, 11 ago (SANA) La demolición de tierras agrícolas, la tala de árboles y la destrucción de fuentes de agua se intensificaron desde comienzos de año en Cisjordania, en paralelo con la expansión de asentamientos y carreteras de circunvalación.
Un informe de la agencia palestina WAFA advirtió este martes que esas acciones afectan no solo las zonas directamente intervenidas por maquinaria pesada, sino también extensas áreas agrícolas debido a la destrucción de pozos, el corte de redes de agua y las restricciones impuestas al acceso de los agricultores.
Según el reporte, esas medidas reducen la productividad de los cultivos, amenazan el sustento de miles de familias y agravan los riesgos para la seguridad alimentaria de la población palestina.
Jenín, entre las zonas más afectadas
En la gobernación de Jenín, al norte de Cisjordania, las operaciones de demolición y desmonte dañaron durante los últimos meses tierras cultivadas y árboles frutales en varias localidades, entre ellas Zububa.
El agricultor Munir Abu Bakr perdió cerca de 50 dunams sembrados con olivos y hortalizas, tanto de regadío como de secano, además de un pozo artesiano destruido.
Autoridades locales de Zububa indicaron que alrededor de 500 dunams fueron arrasados durante el último año, incluidos unos 300 dunams plantados con cerca de tres mil olivos, algunos de ellos centenarios.
Datos de la gobernación señalan además que más de 500 dunams cultivados con olivos resultaron afectados en varias aldeas desde finales de 2025, mientras que solo en julio fueron arrancados mil 51 árboles.
Expansión de asentamientos y carreteras
El investigador Raed Muqadi, del Centro de Investigación de Tierras, afirmó que Cisjordania enfrenta una fuerte ofensiva de expansión colonial, caracterizada por el desarraigo de árboles, la alteración del paisaje y la ampliación de asentamientos y vías de comunicación.
Entre los proyectos señalados figura el establecimiento del asentamiento Emek Dotan en 72 dunams pertenecientes a la localidad de Arraba, así como una carretera prevista para conectar el sur de Jenín con Deir Sharaf, en Nablus.
De acuerdo con Muqadi, estas operaciones suelen comenzar con la prohibición de acceso de los agricultores a sus propiedades, seguidas por la declaración de zonas militares cerradas y, posteriormente, por el arrasamiento de tierras y la tala de árboles.
Unas 300 hectáreas en Al-Buqaya
En Tubas y el norte del Valle del Jordán, el denominado proyecto Hilo Carmesí, que prevé una carretera militar y un muro de separación de 22 kilómetros, ocasionó daños a amplias extensiones agrícolas en Atouf y la llanura de Al-Buqai’a.
El jefe del consejo de la aldea de Atouf, Abdullah Bisharat, señaló que el corte de las principales tuberías de agua provocó la pérdida de cultivos en cerca de 300 hectáreas, aproximadamente un tercio de la superficie total de esa fértil llanura.
Asimismo, tres pozos artesianos fueron demolidos el mes pasado, lo cual afectó el suministro de agua para unos siete mil 500 dunams de tierras agrícolas.
Aumentan las órdenes para arrancar árboles
La Comisión de Resistencia al Muro y los Asentamientos informó recientemente sobre ocho nuevas órdenes militares para eliminar vegetación y arrancar olivos en una superficie de más de 316 dunams.
Con esas disposiciones, el número de órdenes emitidas desde comienzos de año ascendió a 59 y afecta alrededor de dos mil 480 dunams de tierras palestinas.
La propia Comisión documentó además el desarraigo o daño de más de 45 mil árboles en Cisjordania durante el mismo período.
Deterioro ambiental en aumento
Datos de la Oficina Central de Estadística Palestina y de la Autoridad de Calidad Ambiental reportaron 685 infracciones ambientales en Cisjordania durante 2025, frente a 535 en 2024.
Las violaciones incluyen destrucción de tierras agrícolas, tala de árboles, vertido de aguas residuales y desechos, así como daños a distintas infraestructuras, con efectos directos sobre los ecosistemas y la sostenibilidad de los recursos naturales.
La situación coincide con la extensa destrucción de tierras agrícolas en la Franja de Gaza, donde, según datos citados de Naciones Unidas, alrededor del 86 por ciento de la superficie cultivable había sido dañada hasta finales de junio de 2025, proporción que alcanzó el 94 por ciento en el norte del enclave.
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