Washington, 28 jul (SANA) A cien días de las elecciones legislativas de noviembre, la guerra con Irán, el coste de vida, el desgaste de la base republicana y las disputas sobre las reglas electorales amenazan con convertir los comicios de mitad de mandato en un referéndum sobre el segundo mandato de Donald Trump.
Un análisis publicado por Al Jazeera, elaborado a partir de informaciones de Axios, The Washington Post, Newsweek y The Guardian, identifica seis indicadores que podrían determinar el control del Congreso: la apropiación demócrata del lema «Estados Unidos Primero», la configuración del mapa electoral, las batallas en Iowa y Michigan, el impacto económico del conflicto iraní, la movilización de los votantes republicanos y los temores sobre la certificación de los resultados.
Aunque Trump deberá abandonar la Casa Blanca en 2029 por el límite constitucional de dos mandatos, la doctrina política que lo devolvió al poder parece encaminada a sobrevivirle y comienza incluso a ser reinterpretada por algunos de sus adversarios.
1. «Estados Unidos Primero» supera las fronteras del trumpismo
El primer indicador es la transformación de «Estados Unidos Primero» en una consigna que ya no pertenece exclusivamente al presidente ni al Partido Republicano.
Según recoge Al Jazeera, un grupo todavía reducido, pero creciente, de dirigentes demócratas utiliza una versión propia del lema para denunciar el coste de las intervenciones militares en el extranjero y reclamar que los recursos públicos se destinen a vivienda, sanidad, educación y creación de empleo dentro del país.
La guerra con Irán ha profundizado las divisiones en el movimiento conservador y ha permitido a los demócratas atacar a Trump con su propia retórica: si prometió evitar conflictos prolongados y priorizar las necesidades nacionales, argumentan, una nueva guerra en Oriente Medio contradice el principio que convirtió en una de las bases de su proyecto político.
Entre quienes han recurrido expresamente a esa idea figura Abdul El-Sayed, candidato progresista al Senado por Michigan, quien sostiene que mantener el dinero en Estados Unidos, en lugar de financiar «la maquinaria bélica» de otro país, representa el verdadero significado de la consigna.
El congresista Ro Khanna también ha vinculado el concepto con una política exterior menos intervencionista, mientras figuras como Alexandria Ocasio-Cortez y Kamala Harris evitan emplear literalmente el lema de Trump, pero defienden su mensaje económico subyacente: invertir en los estadounidenses antes que en nuevas guerras.
2. Un mapa favorable a los republicanos pese al impulso demócrata
El segundo factor es la diferencia entre el clima político nacional y la estructura territorial de las elecciones.
Los demócratas confían en su ventaja en las encuestas generales, el mayor entusiasmo de sus simpatizantes y los buenos resultados obtenidos en elecciones especiales. Sin embargo, el mapa del Senado sigue ofreciendo a los republicanos una protección considerable.
Para recuperar la mayoría en esa cámara, los demócratas necesitan ganar cuatro escaños, al menos dos de ellos en estados de tendencia republicana, una tarea más difícil que beneficiarse simplemente del descontento nacional con la Casa Blanca.
En la Cámara de Representantes, donde la competencia es más abierta, la redistribución de distritos puede proporcionar al Partido Republicano entre seis y nueve escaños adicionales, según cálculos partidistas recogidos por Al Jazeera.
De esta forma, los demócratas podrían obtener más votos a escala nacional y, aun así, encontrar dificultades para convertir esa ventaja en el control de ambas cámaras.
3. Iowa y Michigan medirán el alcance de la ola demócrata
Iowa y Michigan aparecen como dos laboratorios decisivos.
En Iowa, los demócratas tratan de aprovechar el malestar provocado por la inflación, los aranceles de represalia y la presión sobre el sector agrícola. Ganar dos de los cuatro distritos actualmente controlados por los republicanos sería considerado un resultado positivo; conquistar tres indicaría una ola electoral capaz de entregarles la Cámara de Representantes.
El estado permitirá medir hasta qué punto el rechazo al coste de vida y a la política comercial de Trump penetra entre votantes rurales y conservadores.
Michigan, por su parte, concentra una de las principales disputas internas del Partido Demócrata. La pugna al Senado entre Haley Stevens y Abdul El-Sayed enfrenta a una candidata con una amplia ventaja financiera con un aspirante progresista respaldado por Ocasio-Cortez.
El resultado no solo definirá al candidato demócrata, sino que mostrará si el discurso contrario a la guerra y crítico con la política estadounidense hacia Israel puede movilizar a la base del partido sin alejar a los electores moderados.
4. La economía y la guerra convergen en el precio de la gasolina
El cuarto indicador es la conexión cada vez más visible entre el conflicto exterior y la economía doméstica.
Aunque la inflación general se ha moderado, los estadounidenses siguen afrontando precios elevados en productos esenciales y combustibles. La gasolina, próxima a los cuatro dólares por galón en numerosos puntos del país, se ha convertido en una señal cotidiana del impacto económico de la guerra con Irán.
El encarecimiento energético permite a los demócratas vincular dos de los principales motivos de insatisfacción electoral: el coste de vida y una intervención militar impopular.
Encuestas recientes muestran un deterioro de la valoración de Trump en economía, inflación y poder adquisitivo, mientras los demócratas aventajan a los republicanos entre los votantes que aseguran que acudirán con certeza a las urnas.
El desafío para la Casa Blanca consiste en convencer a los electores de que las dificultades económicas son temporales y necesarias para garantizar la seguridad nacional. Para la oposición, en cambio, cada aumento del combustible ofrece una oportunidad para presentar la guerra como una decisión distante de las prioridades de las familias estadounidenses.
5. La desmovilización conservadora amenaza a los republicanos
La quinta clave no es necesariamente que los votantes republicanos cambien masivamente de partido, sino que una parte de ellos decida quedarse en casa.
Un análisis del brazo político de Americans for Prosperity, citado por The Washington Post y recogido por Al Jazeera, advierte de que cerca de uno de cada cinco electores republicanos habituales podría estar en riesgo de abstenerse o apoyar a candidatos demócratas.
El problema es especialmente relevante en unas elecciones de mitad de mandato, en las que la participación suele ser inferior a la de unas presidenciales.
Trump ha demostrado una capacidad excepcional para movilizar a votantes que raramente acuden a las urnas cuando su nombre no aparece en la papeleta. La incógnita es si podrá transferir ese respaldo a los candidatos republicanos en noviembre.
El entusiasmo demócrata, mientras tanto, se aproxima al registrado antes de las legislativas de 2018, cuando el partido recuperó la Cámara de Representantes. Entre los republicanos alejados del movimiento MAGA, la motivación es sensiblemente menor que entre los seguidores más fieles del presidente.
6. La batalla podría trasladarse de las urnas a las reglas
El último indicador se refiere a lo que puede ocurrir antes, durante y después de la votación.
Los demócratas han simulado escenarios que incluyen desinformación generada mediante inteligencia artificial, presencia de fuerzas federales cerca de los colegios electorales, presiones sobre funcionarios estatales y retrasos en la certificación.
El presidente carece de autoridad para cancelar o aplazar unilateralmente unas elecciones federales, cuya organización corresponde principalmente a los estados. Sin embargo, expertos electorales advierten de otras formas de interferencia capaces de sembrar confusión y erosionar la confianza pública.
Entre las principales preocupaciones figuran las restricciones al voto por correo, las acusaciones contra las máquinas electrónicas y el proyecto legislativo conocido como Save America Act.
Esa propuesta impondría requisitos documentales más estrictos para registrarse y votar, limitaría las papeletas por correo y obligaría a los estados a entregar datos de sus censos electorales al Gobierno federal. Sus detractores sostienen que afectaría de manera desproporcionada a ciudadanos negros, indígenas, ancianos y estudiantes.
The Guardian también ha advertido de que los ataques reiterados de Trump contra el voto postal y los sistemas electrónicos podrían preparar el terreno para cuestionar un resultado desfavorable, aunque sus afirmaciones sobre un fraude generalizado carecen de pruebas.
A cien días de la votación, la contienda no gira únicamente en torno al número de escaños. Está en juego la capacidad de Trump para mantener unido al movimiento que lo devolvió a la Casa Blanca, la posibilidad de que los demócratas transformen el malestar económico y antibélico en una mayoría parlamentaria y la confianza de los estadounidenses en que los resultados serán aceptados.
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