Damasco, 26 may (SANA) Los principales estrechos y corredores marítimos del planeta dejaron de ser simples rutas comerciales para transformarse en instrumentos de presión política, económica y estratégica en medio de la creciente rivalidad entre las grandes potencias.
El recrudecimiento de las tensiones en torno al estrecho de Ormuz volvió a evidenciar la fragilidad del sistema comercial global y la alta dependencia de la economía mundial de un reducido grupo de pasos marítimos por donde circulan petróleo, gas, alimentos y mercancías industriales.
De acuerdo con análisis publicados por el diario británico Financial Times, las vías marítimas consideradas durante décadas como infraestructuras neutrales son hoy escenarios de competencia entre Estados Unidos, China, Rusia y otras potencias regionales.
La disputa no se limita al Golfo Pérsico. También involucra corredores estratégicos como el Canal de Suez, Bab el-Mandeb, el Canal de Panamá, el estrecho de Malaca, el estrecho de Taiwán y el mar de China Meridional, esenciales para el comercio internacional y las cadenas de suministro globales.
Según la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), más del 80 por cento del comercio mundial de mercancías depende del transporte marítimo, mientras el sector enfrenta una etapa marcada por elevados costos, incertidumbre y creciente vulnerabilidad ante conflictos geopolíticos y fenómenos climáticos extremos.
La crisis del mar Rojo en 2024 y las tensiones posteriores en Ormuz dispararon los costos del transporte marítimo y obligaron a numerosas navieras a modificar rutas comerciales tradicionales, afectando especialmente a países menos desarrollados y pequeños Estados insulares dependientes de las importaciones.
En este contexto, Ormuz se mantiene como uno de los puntos más sensibles del sistema energético mundial. Datos de la Agencia Internacional de Energía indican que por ese estrecho transitan diariamente alrededor de 20 millones de barriles de petróleo y derivados, equivalentes a cerca del 25 por ciento del comercio marítimo mundial de crudo.
El cierre parcial del paso marítimo durante la actual crisis redujo drásticamente el flujo de petróleo, gas natural licuado y fertilizantes, mientras los envíos agrícolas hacia puertos del Golfo también registraron fuertes caídas. La búsqueda de rutas alternativas refleja además la creciente militarización del comercio marítimo. El Financial Times señala que algunos buques vinculados a la denominada “flota en la sombra” iraní comenzaron a utilizar trayectos menos vigilados, como el estrecho de Lombok en Indonesia, para evitar controles internacionales.
Paralelamente, China impulsa nuevas rutas estratégicas para reducir su dependencia de corredores susceptibles de bloqueo en caso de crisis. Entre ellas figura la Ruta Marítima del Norte, a través del Ártico, concebida como alternativa parcial a las congestionadas vías del sudeste asiático.
La competencia también alcanza a América Latina. Las reiteradas declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre el Canal de Panamá reavivaron especulaciones sobre proyectos alternativos impulsados por China, incluido un eventual canal interoceánico en Nicaragua.
Expertos citados por el Financial Times sostienen que las compañías navieras priorizan ahora la flexibilidad logística por encima de la eficiencia tradicional basada en costos mínimos y rutas fijas.
El sistema comercial global, construido durante décadas sobre la reducción de inventarios y la aceleración de entregas, enfrenta así una nueva realidad marcada por la incertidumbre estratégica y la necesidad de garantizar el suministro incluso a costa de mayores gastos y tiempos de tránsito.
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