Kiev, 27 abr (SANA) Cuatro décadas después de la catástrofe nuclear de Chernóbil, la explosión ocurrida en 1986 en el reactor número cuatro sigue marcada en la memoria mundial, no solo como el mayor accidente nuclear civil de la historia, sino como un punto de inflexión que redefinió las políticas energéticas y los estándares de seguridad atómica a escala global.
Hoy, en medio de la guerra en Ucrania, la antigua central vuelve a ocupar un lugar central en las preocupaciones internacionales, reactivando temores sobre nuevos riesgos nucleares en escenarios de conflicto.
El desastre que cambió la historia nuclear
El 26 de abril de 1986, una combinación de errores humanos, fallas de diseño y deficiencias operativas durante una prueba de seguridad provocó la explosión del reactor de Chernóbil y la liberación de una nube radiactiva que durante días se extendió por gran parte de Europa.
Según el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), unas 600 mil personas participaron en las labores de contención y estuvieron expuestas a altos niveles de radiación. El número de víctimas sigue siendo objeto de debate: mientras Naciones Unidas estima unas cuatro mil muertes relacionadas con la radiación, otras evaluaciones elevan la cifra a decenas de miles, reflejando la controversia científica sobre las secuelas a largo plazo.
Un impacto sin fronteras
Los efectos del accidente alcanzaron primero a Bielorrusia y Rusia, antes de ser detectados en Suecia, convirtiendo a Chernóbil en un símbolo universal de los riesgos asociados a la energía nuclear cuando fallan los mecanismos de seguridad.
La tragedia modificó profundamente la percepción internacional sobre la energía atómica e impulsó reformas regulatorias, nuevas tecnologías de protección y una mayor vigilancia sobre las instalaciones nucleares.
La guerra revive los fantasmas
Con el inicio del conflicto en Ucrania en 2022, Chernóbil volvió a estar bajo foco cuando fuerzas rusas ocuparon el emplazamiento durante los primeros días de la guerra, generando alarma por posibles alteraciones en zonas contaminadas, especialmente en el denominado “Bosque Rojo”.
Las preocupaciones se renovaron en 2025, tras daños sufridos por la nueva estructura de contención que cubre el reactor accidentado, supuestamente tras un ataque con dron, hecho que provocó advertencias sobre una eventual disminución de su capacidad para contener materiales radiactivos.
La zona prohibida donde regresó la vida
En torno a la planta se estableció una extensa zona de exclusión, de la que fueron evacuadas ciudades enteras, especialmente Pripyat. Aunque vastas áreas continúan inhabitables por miles de años, el territorio ha mostrado una sorprendente recuperación ecológica.
En ese entorno han reaparecido numerosas especies silvestres, incluida la reintroducción del caballo de Przewalski, convirtiendo a Chernóbil en una singular paradoja entre devastación y resiliencia natural.
Seguridad nuclear bajo nuevas amenazas
Durante las conmemoraciones en Kiev, el director general del OIEA, Rafael Grossi, urgió a reparar de inmediato los daños en la infraestructura de seguridad y alertó sobre los riesgos de cualquier demora.
Por su parte, Rosatom subrayó la necesidad de extraer lecciones de Chernóbil para gestionar instalaciones nucleares en contextos de alta tensión.
Las preocupaciones trascienden Ucrania. Analistas advierten que las tensiones regionales, incluidas las relacionadas con instalaciones nucleares en Irán en medio del conflicto con Estados Unidos e Israel, evidencian la fragilidad de las normas de seguridad nuclear cuando operan bajo escenarios de guerra.
Cuarenta años después, Chernóbil sigue siendo una advertencia vigente: el desastre no pertenece solo al pasado, sino que proyecta sus lecciones sobre un presente donde la seguridad nuclear vuelve a enfrentarse a peligros extraordinarios.
fm/ed