Capitales, 22 mar (SANA) Los países europeos continúan mostrando reticencias a sumarse a una eventual acción militar de Estados Unidos contra Irán, en medio de crecientes presiones de Washington y de un contexto internacional marcado por la incertidumbre.
Gobiernos del continente consideran que una intervención directa podría derivar en un conflicto de mayor escala, difícil de contener, con repercusiones para la estabilidad regional y sin respaldo suficiente de sus respectivas opiniones públicas.
Alemania: dudas sobre la justificación
El canciller alemán, Friedrich Merz, reiteró la necesidad de evitar que Irán represente una amenaza para sus vecinos, pero expresó dudas sobre la justificación de una guerra impulsada por Estados Unidos e Israel.
El mandatario subrayó la ausencia de un plan claro y la falta de consultas efectivas con los socios europeos, y descartó la participación de Alemania en operaciones militares para garantizar la seguridad en el estrecho de Ormuz mientras continúe el conflicto.
Francia y España: peso de la opinión pública
En Francia, el presidente Emmanuel Macron afirmó que su país no forma parte del conflicto, mientras España reiteró su negativa a participar en acciones militares, destacando la independencia de sus decisiones en política exterior.
Encuestas recientes reflejan un amplio rechazo ciudadano a la guerra: el 70 por ciento de los franceses, el 68 de los españoles y el 58 de los alemanes se oponen a una intervención, según datos del instituto Elabe.
Este rechazo coincide con la preocupación por el impacto económico del conflicto, especialmente en el mercado energético. El estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, ha experimentado tensiones que impulsan al alza los precios del crudo.
Reino Unido: cautela ante la escalada
En el Reino Unido, el ministro de Vivienda, Steve Reid, señaló que las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump sobre posibles ataques a infraestructuras iraníes reflejan una postura individual, y recalcó que Londres no busca involucrarse en una guerra.
El gobierno británico apuesta por proteger sus intereses y colaborar con aliados para reducir tensiones, sin comprometerse en operaciones ofensivas.
Equilibrio entre alianzas y soberanía
Analistas consideran que la postura europea responde a un delicado equilibrio entre mantener las relaciones transatlánticas y preservar su autonomía estratégica.
Las tensiones con Washington en temas como la guerra en Ucrania y las políticas comerciales refuerzan la cautela de los líderes europeos, quienes buscan evitar decisiones unilaterales que puedan arrastrarlos a un conflicto no consensuado.
En este contexto, la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, afirmó que el bloque está mejor preparado para enfrentar decisiones “impredecibles” de Estados Unidos, priorizando la estabilidad y los intereses propios.
Unidad europea frente a la presión
Pese a las críticas de Washington, los países europeos mantienen una posición común de rechazo a la participación militar directa, al considerar que involucrarse en una guerra de desenlace incierto podría constituir un “error estratégico”.
La estrategia del bloque se centra en gestionar la crisis mediante vías diplomáticas, garantizar la seguridad marítima en coordinación con aliados y evitar una escalada que comprometa la estabilidad interna y regional.
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