Capitales, 10 mar (SANA) En medio de la escalada militar que vive la región, se multiplican los indicios de que Irán intenta convertir la actual confrontación misilística en una prolongada guerra de desgaste, aprovechando la marcada diferencia de costos entre sus misiles ofensivos de bajo precio y los sofisticados y costosos sistemas de interceptación empleados por sus adversarios.
Durante los primeros días de los enfrentamientos, Irán lanzó cientos de misiles balísticos y cerca de un millar de drones contra Israel y otros puntos de la región.
Frente a esta oleada de ataques, Estados Unidos y sus aliados reforzaron el despliegue de sistemas de defensa aérea multicapa, en particular los THAAD, Patriot y Arrow-3.
En este contexto, el jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Dan Keane, afirmó que esos sistemas “interceptaron cientos de misiles balísticos que tenían como objetivo a las fuerzas estadounidenses, a nuestros socios y a la estabilidad regional”.
Disparidad de costos
Expertos militares consideran que Irán busca explotar la amplia brecha existente entre el costo y la capacidad de producción de las armas ofensivas y defensivas. Mientras un misil interceptor PAC-3 del sistema Patriot cuesta alrededor de cuatro millones de dólares, un misil del sistema THAAD oscila entre 10 y 15 millones de dólares.
A ello se suman los misiles SM-3 utilizados en destructores estadounidenses, cuyo costo unitario supera, en algunos casos, los 12 millones de dólares.
En contraste, algunos drones de ataque y misiles de corto alcance pueden fabricarse a costos mucho menores, lo que convierte la saturación de los sistemas de defensa aérea en una opción que Teherán procura explotar en esta confrontación.
En numerosos casos, un dron cuyo costo apenas asciende a decenas de miles de dólares puede ser derribado por un interceptor valorado en unos cuatro millones de dólares en el sistema Patriot, o en más de diez millones en el THAAD, una diferencia que evidencia el desequilibrio económico entre ataque y defensa.
Además, la intercepción de un solo misil balístico suele requerir el lanzamiento de al menos dos misiles interceptores para garantizar su destrucción, lo que incrementa de manera considerable el consumo de munición defensiva si los ataques se prolongan.
Producción limitada de interceptores
Estimaciones del sector indican que la producción de misiles interceptores avanzados sigue siendo relativamente limitada. Cada año se fabrican aproximadamente 96 misiles para el sistema THAAD y unos 600 PAC-3 MSE para el Patriot.
Durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán, en junio pasado, se habrían utilizado cerca de 150 misiles THAAD y unos 80 misiles SM-3 lanzados desde destructores navales para interceptar misiles balísticos.
A juicio de los expertos, estas cifras ayudan a explicar por qué Estados Unidos y sus aliados optan por atacar directamente las plataformas de lanzamiento iraníes, en lugar de limitarse a interceptar los proyectiles en vuelo.
Los Estados del Golfo aseguran mantener capacidad defensiva
Pese a estos factores, varios Estados del Golfo sostienen que sus capacidades defensivas siguen siendo suficientes para hacer frente a cualquier escalada.
Qatar anunció la semana pasada que su arsenal de misiles Patriot no se había agotado y que sus reservas defensivas bastan para responder a cualquier amenaza potencial, en el marco de su cooperación militar continua con Estados Unidos.
Informes militares indican asimismo que los países del Golfo han reforzado en los últimos años sus sistemas de defensa aérea mediante redes multicapa que integran radares de largo alcance, diversos sistemas de interceptación y coordinación operativa con las fuerzas estadounidenses desplegadas en la región.
El arsenal iraní, bajo creciente presión
En contraste, expertos estiman que Irán dispone de unos 2.000 misiles balísticos capaces de alcanzar objetivos lejanos, además de grandes cantidades de misiles de corto alcance, como los Shahab-2 y Fateh-313.
Sin embargo, estas capacidades afrontan una presión cada vez mayor a medida que se intensifican las operaciones de rastreo contra plataformas móviles de lanzamiento, uno de los principales objetivos de las operaciones militares estadounidenses e israelíes.
De la debilidad relativa al desgaste prolongado
Observadores estiman que Irán intenta convertir las limitaciones de sus capacidades convencionales en una guerra de desgaste económico y militar, obligando a sus adversarios a emplear costosos interceptores para neutralizar ataques mucho menos onerosos.
No obstante, autoridades militares estadounidenses sostienen que los sistemas de defensa aérea desplegados en la región continúan siendo capaces de enfrentar las amenazas, y aseguran que el arsenal de interceptores disponible para Estados Unidos y sus aliados permite mantener operaciones defensivas sostenidas durante períodos prolongados.
En estas circunstancias, la confrontación misilística parece evolucionar gradualmente hacia una prueba de resistencia logística y económica, además de constituir una confrontación militar directa.
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