Damasco, 10 mar (SANA), Aunque los ataques entre Estados Unidos e Israel por un lado e Irán por otro se concentran en Oriente Medio, sus repercusiones se extienden más allá de la región, alcanzando a África, que se ve afectada en términos económicos, de seguridad y políticos, pese a no participar en la toma de decisiones relacionadas con el conflicto.
Ante el aumento de la tensión, los gobiernos africanos adoptan una política cautelosa basada en el “precaución estratégica” para evitar alinearse con alguna de las partes, ante el riesgo de que el conflicto impacte en la economía, la seguridad regional y los equilibrios internacionales en el continente.
Prudencia diplomática y neutralidad
Desde el estallido de la guerra, las reacciones africanas se han caracterizado por la prudencia política. El presidente de la Comisión de la Unión Africana, Mahmoud Ali Youssef, ha llamado a la moderación expresando su “profunda preocupación por la escalada grave de las hostilidades”. También ha indicado que la continuación del conflicto podría alterar la economía mundial y los mercados de energía.
Por su parte, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS) ha alertado sobre graves consecuencias para la paz global y las cadenas de suministro ante el aumento de la inestabilidad.
El especialista en asuntos africanos Ibrahim Idris ha explicado que las relaciones de Irán con algunos países africanos generan una red compleja de cálculos políticos y económicos.
Asimismo, ha considerado que la guerra se convirtió en un factor que reconfigura la toma de decisiones en África, obligando a los Estados a reevaluar su posición en el mapa de alineamientos internacionales.
Impacto económico y subida de precios.
Dado que muchos países africanos dependen de la importación de combustible y productos básicos desde Irán, el continente es particularmente vulnerable a los efectos de la guerra. El aumento del precio del petróleo por la tensión en el estrecho de Ormuz ha elevado los costos de energía y transporte. Además, ha amenazado con disparar la inflación y reducir el poder adquisitivo de las familias.
Peter Attard Montalto, director ejecutivo de la consultora Crouthan en Sudáfrica, ha señalado que “la crisis actual representa una prueba para la mayoría de los gobiernos africanos”. Y ha advertido que los precios altos del petróleo y el gas impactarán en los índices de inflación en los próximos meses.
Amenaza a comercio y rutas marítimas
Los efectos del conflicto no se limitan al sector energético, sino que afectan también al comercio internacional. La creciente tensión en el mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb pone en riesgo una de las rutas marítimas más importantes para el comercio africano con Asia y Europa.
Ibrahim Idris ha alertado que la situación podría elevar los costos comerciales y poner en peligro estas rutas, afectando directamente a economías dependientes de ellas, como Etiopía y Tanzania.
Asimismo, el investigador ha señalado que la alteración de las cadenas de suministro podría retrasar la llegada de productos básicos y alimentos a los mercados africanos, aumentando la probabilidad de crisis de subsistencia.
Consecuencias humanitarias y de seguridad
En el plano de la seguridad, la expansión del conflicto genera preocupación por la posible extensión de sus efectos a zonas cercanas a África, especialmente en el Cuerno de África. El aumento de la presencia militar en corredores estratégicos podría transformar algunos países costeros en puntos de disputa entre grandes potencias.
Shafii Youssef Omar, director ejecutivo del Centro de Estudios Estratégicos de Somalia, ha señalado que la guerra “no se detendrá en Irán, sino que podría alterar el mapa del este de África y crear entidades ficticias en las fronteras, preparatorias para controlar las rutas marítimas estratégicas”.
También ha subrayado que el continente “no es parte de la toma de decisiones de esta guerra, pero podría ser uno de los primeros en sufrir sus consecuencias”.
Desafíos múltiples
Los efectos del conflicto superan lo económico y afectan también la situación social y humanitaria. El aumento de precios de alimentos y combustible, junto con la alteración de las cadenas de suministro, podría agravar las crisis de subsistencia, especialmente en países ya afectados por sequías o inseguridad alimentaria, como Somalia.
Entre el encarecimiento de la energía, la interrupción del comercio y la complejidad de los equilibrios políticos, los países africanos enfrentan un desafío doble: proteger sus intereses económicos y mantener la independencia de sus decisiones políticas, con la política de “precaución” como una opción realista para evitar verse arrastrados a conflictos cuyo costo supera la capacidad de la región.
omz/fm