Damasco, 19 feb (SANA) Los palestinos de la Franja de Gaza viven este año el mes sagrado del Ramadán en medio de una devastación generalizada, tras dos años de ofensiva israelí que dejó miles de muertos, una infraestructura colapsada y un profundo deterioro de las condiciones de vida.
Entre campamentos de desplazados y viviendas en ruinas, las familias intentan mantener los rituales propios del noveno mes del calendario islámico, marcado por el ayuno diario desde el amanecer hasta la puesta del sol, mientras la espiritualidad se entrelaza con el peso de la pérdida y el desplazamiento.
Continúa la tragedia pese al aleto el Fuego
De acuerdo con datos locales, la ofensiva iniciada en octubre de 2023 provocó más de 72 mil muertos y más de 171 mil heridos, en su mayoría mujeres y niños, además de la destrucción de alrededor del 90 por ciento de la infraestructura civil del enclave costero.
A pesar del alto el fuego vigente, la situación humanitaria apenas muestra mejoría. Cerca de 1,9 millones de personas, de una población estimada en 2,4 millones, permanecen desplazadas y sobreviven en condiciones precarias, muchas en tiendas de campaña o refugios improvisados.

Crisis económica agrava el panorama
Tradicionalmente, el Ramadán en Gaza era sinónimo de reuniones familiares, visitas y mesas abundantes. Este año, sin embargo, para muchos se ha convertido en una ocasión para recordar a los fallecidos. Sus nombres son mencionados en las oraciones durante modestos iftar celebrados en carpas o viviendas dañadas.
La crisis económica agrava el panorama. El desempleo y la pobreza aumentaron de forma significativa tras la destrucción de fábricas, comercios e instalaciones productivas, lo que dejó sin sustento a cientos de miles de trabajadores.
Gran parte de la población depende de la limitada ayuda humanitaria que ingresa al territorio, así como de comedores comunitarios e iniciativas solidarias impulsadas por organizaciones benéficas.
En el histórico mercado de Zawiya, en el centro de Gaza, la actividad comercial es reducida. Algunas tiendas reabrieron tras meses de cierre y se observan puestos con dátiles, encurtidos y productos básicos para el Ramadán, pero la afluencia de compradores es escasa en comparación con años anteriores.
Durante los dos años de hostilidades, más de dos millones de palestinos experimentaron desplazamientos repetidos dentro de la Franja, en medio de intensos bombardeos sobre barrios residenciales e infraestructura básica, lo que obligó a cientos de miles a refugiarse en escuelas y albergues en condiciones extremadamente adversas.
En medio de este escenario, el Ramadán en Gaza mantiene su dimensión espiritual, pero transcurre bajo el signo de la resiliencia y la incertidumbre, en una población que busca preservar sus tradiciones religiosas mientras enfrenta una de las crisis humanitarias más severas de su historia reciente.
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